INTRODUCCIÓN
Desde los mismos orígenes de
los movimientos reformadores han sido muchos los que se han
preguntado cuál pudo ser la causa de la división (desde sus
primeras raíces en el siglo XIV hasta su explosión en el siglo
XVI), y la
primera respuesta, tanto entre católicos como protestantes,
responden que las
causas principales fueron los desórdenes del clero y los abusos,
sobre todo de la curia romana.1
Otro motivo fundamental podría ser la lejanía en la que se
encontraban las ciudades reformadoras (y los incipientes
nacionalismos que iban surgiendo), por así decirlo, del centro
neurálgico del catolicismo. Además existía la necesidad de los
príncipes territoriales de defender tanto sus intereses políticos
como económicos frente al Imperio2.
Cabe destacar, que en el caso del Sacro Imperio Romano Germánico3
“su situación antes de la reforma protestante estaba determinada
tanto por la creación de nuevas instituciones como por la
revalorización de la Dieta imperial. Esto favoreció a los rivales
naturales del emperador, los príncipes territoriales, y facilitó el
nacimiento de los Estados territoriales a comienzos de la Edad
Moderna”4.
Otra cuestión importante es analizar “por qué no se produjo,
mucho antes de lo sucedido con Lutero, el paso de un desarrollo
evolutivo a una solución revolucionaria. Fue precisa, sin duda, la
concurrencia de muchas circunstancias, para que la búsqueda
individual de un Dios misericordioso y los esfuerzos en pos de la
recuperación de las más puras formas del cristianismo quisieran y
pudieran desbordar principios tradicionales de unidad entre la
Iglesia y el mundo secular”.5
Sin embargo sabemos que la Reforma Protestante como acontecimiento
decisivo y transformador, a comienzos de la Edad Moderna, de la
historia de la Iglesia en Occidente no sobrevino como un cataclismo
sobre la Iglesia Católica, sino que tuvo una serie de antecedentes,
mucho tiempo atrás, mucho antes de que Lutero apareciese en escena.
Fueron cambios de tipo eclesial, sociocultural y político, y
consistieron en el deseo de cambiar y mejorar la Iglesia y el mundo6.
Normalmente se ha estudiado este
fenómeno reformador bajo la sombra del que se presuponía el primer
reformador y el planificador de una nueva iglesia independiente a la
Iglesia Católica, Martín Lutero. Pero el agustino no fue en modo
alguno en sus inicios el rebelde no católico en el que han querido
convertirlo durante siglos la polémica romana y la historiografía
de la Iglesia7.
En contraposición, el evangelismo fabricó la imagen del
“purificador del papado corrupto, del nuevo evangelista”.8
Pero sabemos que ni Martín Lutero fue el primer reformador de la
historia de la Iglesia, ni intentó separarse radicalmente del
catolicismo; ya que era fraile agustino hasta que la Iglesia lo
excomulgó. También sabemos que su única intención inicial era la
de intentar reformar las malas
costumbres de la
Iglesia y su organización litúrgica. Al igual que los reformadores
medievales9,
nunca fue su cometido desvincularse por completo de la Iglesia
Católica. Así que, si analizamos la obra de Martín Lutero, nos
damos cuenta que está llena de influencias de reformadores
medievales e influencias de los movimientos religiosos acontecidos a
finales de la Edad Media (del mismo modo que los reformadores
posteriores a él); de este modo nos encontramos con un reformador
más próximo a la mentalidad medieval que a la mentalidad moderna
renacentista10.
Otro dato sumamente interesante con relación a la recepción
manipulada de Lutero11
es la utilización del reformador como propaganda política; primero
como estandarte del romanticismo alemán y luego como símbolo de la
exaltación germanista del Nacionalsocialismo. En contraposición a
esta politización de la figura de Lutero, tenemos la versión
marxista-leninista, que ha contribuido como pocas a alumbrar factores
tan determinantes como los económicos-sociales en el nacimiento de
la reforma. De este modo, los debates se concentraron en la
confrontación de los campesinos y Lutero, presentando a éste como
el prototipo de la antirrevolución12.
El establecimiento del poder de obreros y campesinos en la RDA
cumplió bajo las nuevas condiciones sociales la reivindicación
central de Müntzer, en contraste con la otra Alemania, la Federal o
capitalista, continuadora de las posiciones de Lutero13.
Más recientemente, historiadores católicos como Joseph Lortz han
sacado a la luz al Lutero católico14.
Estos estudiosos han mostrado cómo la concepción de Lutero sobre
“la justificación del pecador tenía sus raíces en la piedad
católica y cómo la teología de San Agustín influyó decisivamente
en su doctrina”15.
Después de haber aclarado estos
puntos, cabe destacar los aspectos principales que aparecen en este
estudio. Se trataran, en mayor o menor medida, los personajes que
propiciaron la aparición de una nueva iglesia desligada de la
oficial, sus nuevas interpretaciones (no autorizadas por la Iglesia
Católica) de las Sagradas Escrituras y la formación de nuevas
iglesias al margen del catolicismo; entorno a la figura del
reformador sajón Martín Lutero. Todo esto en un margen cronológico
que iría desde el siglo XIV y los reformadores medievales John
Wyclif (+1384) en Inglaterra y el checo Juan Huss (c. 1369-1415);
hasta bien entrado el siglo XVI con los grandes reformadores de la
Edad Moderna: Martín Lutero (1483?-1546) en Alemania, Uldrich
Zwinglio (1484-1531) en Suiza y Juan Calvino (1509-1564) en Ginebra.
Para analizar todas estas
cuestiones vamos a contar con distintos expertos en la materia:
algunos de ellos dedicados al estudio de la Historia de la Iglesia,
otros al estudio de los nuevos personajes que irrumpen con fuerza en
la Edad Moderna, etc. Pero lo necesario para estudiar un movimiento
reformador es intentar por todos los medios reflejar aspectos
políticos, económicos, sociales; y, en este caso, también aspectos
de ámbito religioso. Para abordar temas de índole teológico y
dogmático, haremos referencia a las obras de José Orlandis,
Heribert Smolinski y J. Carlos Vizuete Mendoza. Para los temas de
índole histórico-biográfica tenemos a investigadores tan
importantes como Teófanes Egido López, Alain Touraine, Norman Cohn,
G.R. Elton y Heinrich Lutz. Finalmente, si nos centramos en temas
específicos de herejía en el mundo cristiano, debemos acercarnos a
las obras de Diego Blázquez Martín, José Ángel García de
Cortázar, Cristina Granada y Emilio Mitre.
En
este estudio se van a tratar las distintas reacciones que se dieron
al problema de la corrupción de la Iglesia, desde finales de la Edad
Media y todo lo que comprende la Edad Moderna. Nos situaremos dentro
de un marco geográfico que irá desde Inglaterra con el primero de
los reformadores que trataremos en este estudio, John Wyclif; pasando
por la zona checa y alemana para tratar a reformadores como Juan Hus
y Martín Lutero; haciendo mención al las Reformas Radicales de
Thomas Müntzer y Karlstadt; y, finalmente concluiremos con la
aportación de la segunda generación de reformadores: Zwinglio en
Suiza y Calvino en Ginebra.
La intención de este estudio es
dejar claro cuáles fueron los factores influyentes en la Reforma
Protestante, cuáles fueron los partícipes de este cisma dogmático
y religioso; y, finalmente, aclarar que la reforma de la Iglesia y la
posterior Reforma Protestante no apareció de la noche a la mañana,
sino que era algo pendiente desde la Edad Media; desde las reformas
internas del monacato y la “Devotio Moderna”, hasta la ruptura
definitiva ya en pleno siglo XVI.
LA
PRERREFORMA EN LA EDAD MEDIA
John
Wyclif (+1384)
Abogaba
por una Biblia en lengua vulgar que fuera comprensible a los laicos,
formulaba una teología de la predestinación y rechazaba la
transubstanciación (la doctrina católica que afirma que durante la
misa el pan y el vino del sacramento se transforman en el cuerpo y la
sangre de Cristo). Además, exigía que los clérigos se pudiesen
casar, lamentaba que el Papado fuera un poder secular y, como
Marsilio de Padua, proponía que la supremacía en materias
eclesiásticas correspondiese al Estado secular.16
El
4 de mayo de 1415, el Concilio de Constanza condenaba 45 tesis
extraídas de los escritos de Wyclif. Este profesor de la Universidad
de Oxford, bien relacionado con la corte inglesa, había desarrollado
en sus obras doctrinas teológicas que pueden considerarse como un
“silabario de las primeras herejías que, bajo especie de devolver
al cristianismo su pureza primitiva”17,
estaban más o menos latentes en la cristiandad europea de la Baja
Edad Media.
“Estas
ideas, esparcidas a través de los tratados de Wyclif, aparecen como
un anticipo de algunos de los temas predilectos de los reformadores
del siglo XVI: el principio de que la Sagrada Escritura es la única
fuente de la fe, el rechazo de la Iglesia sacramental y jerárquica y
su concepción de la misma como invisible comunidad de predestinados,
el sacerdocio común de los laicos, la subordinación de la Iglesia a
la Corona, la violenta crítica al Papado”18.
Más tarde fue la doctrina sobre la Eucaristía, negadora de la
transubstanciación y de la presencia real de Cristo, aquella que
produjo mayor escándalo. La jerarquía inglesa condenó varias
proposiciones de Wyclif, y al influyo de sus enseñanzas se le
atribuyó la agitación producida en el país por los “lloards”
(revolucionarios sociales y evangélicos)19.
La condena de estas tesis supuso el definitivo aislamiento de Wyclif
de la Universidad, y el cambio de rumbo de sus seguidores,
los loardos,
“que pasarían a
adquirir un carácter de movimiento popular y perderían su rasgo de
herejía del espíritu”20.Cuando
en el Concilio de Constanza se lanzaba el anatema sobre sus escritos,
hacía ya veinte años que Wyclif había muerto.
En
su aislamiento en su parroquia de Lutterwoth, Wyclif se dedicará a
realizar la traducción de la Biblia al inglés, la predicación
popular, la evangelización de los campos y a lanzar panfletos en
grandes cantidades21.
Fue el inspirador de Nicolás de Heresford y Juan Purvey en la
traducción de la Biblia, y el de los predicadores pobres que
expandían su doctrina a través de los sermones en latín y en
inglés que Wyclif les escribía22.
En
sus obras De
Dominio Divino
y De
Civil Dominio
Wyclif expone una teoría que no tenía, en principio, ningún matiz
heterodoxo. Su idea base está tomada del arzobispo de Armogh,
Fitzralph, que en su obra De
Fauperie Salvatoris
ya había trazado claramente sus líneas maestras sin que nadie le
acusara de herejía. Dice Fitzralph, y con él Wyclif, que “Dios es
el único señor o dominus, que posee en forma plena en inmediata el
dominio”23.
Pero dominio no es igual a propiedad: Dios domina de manera perfecta
y la propiedad supondría una imperfección; se origina esta
imperfección por “la debilidad del hombre al pecar, que hace
pedazos el estado ideal de la gracia en que los hombres elegidos se
encontraban junto a Dios”24.
A partir de ahí, se introduce en el mundo el dominio civil y la
propiedad privada. Según Wyclif, el dominio divino es perfecto, está
en todas partes y alcanza a todas las cosas y a todos los hombres,
incluso a los que él llama “siervos del Diablo”25.
Hay que distinguir también el dominio de la servidumbre, que se
introduce, como la propiedad, tras el pecado y a causa de la
dificultad natural del hombre para la convivencia. Otra consecuencia
del pecado es la ley civil, que sería innecesaria en una sociedad
perfecta que se rigiera por la Ley Evangélica. “El dominio le da a
Dios facultad para intervenir directamente en el mundo”26.
Esta teoría supone negar gran parte de las funciones del sacerdocio,
convirtiéndolo en una “simple patente de acción divina, sin poder
legado de Dios”27.
Todos los méritos le vienen al hombre de Dios, dados por este
dominio, luego la salvación la merece por sí mismo28.
De este modo, Dios da a las criaturas lo necesario para conquistar
méritos: la gracia. “No hay méritos sin gracia ni salvación sin
méritos”29.
Otra
doctrina a destacar es la Eclesiología. Según Wyclif existen dos
iglesias: la visible (papa, obispos, clero, etc.) y la invisible (la
comunidad de todos los predestinados, sean vivos, muertos o por
nacer). La iglesia invisible es realmente la esposa de Cristo, no la
Iglesia institución. Por una parte “están los predestinados que
integran la Iglesia, y por otra los praesciti: esto es, los que están
destinados a condenarse”30.
Dios es la causa de esta predestinación, si él dispone el premio o
el castigo, el hombre actuará en consecuencia, será bueno o
pecará31.
Estos que no han sido predestinados pasan a integrar la Iglesia del
Anticristo. Así que, podríamos decir que esta teoría es
excluyente; en tanto en cuanto, nos afirma que no todos los seres
vivos nacen con el beneplácito de Dios. Entonces, ¿en qué se
basaría Dios para excluir a unos e integrar a otros?
La progresiva “negación de
autoridad a la Iglesia visible a cambio del criterio de la
Escritura”32,
es quizá su punto más herético. Los fieles identifican a los
clérigos con la Iglesia, para evitar esa confusión les quita su
misión de mediadores: como la salvación llega a través de la
predestinación, el sacerdote no puede desempeñar ningún papel en
ella. De esta manera los clérigos y los laicos quedaban equiparados.
Los
sacramentos, según Wyclif, son el “signo visible de la gracia
divina”33.
Wyclif niega la presencia real de Cristo en la Eucaristía. A
diferencia de los protestantes que daban a cambio la Palabra,
pretendía borrar la creencia en la Eucaristía sin ofrecer nada.
Referente
a la aplicación política y social de sus teorías, Wyclif afirma
que el poder real deriva directamente de Dios, sin mediación alguna
de la Iglesia. La diferencia con el poder religioso estriba en que el
rey es vicario de Dios y el Papa lo es de Cristo; el rey representa
la justicia divina, mientras que el sacerdote representa el amor
divino. Coloca al poder temporal por encima del religioso: “a un
mal religioso hay que oponerse, mientras que a un mal rey hay que
obedecerle”34.
Además, rechaza las guerras que no sean defensivas y las guerras de
religión. Todos los hombres en gracia tienen derecho al dominio
sobre la tierra. Critica también la riqueza suntuosa de la Iglesia,
ya que eso no está bien visto por Cristo. También afirma que “la
revolución es un desorden estéril, y la revuelta es un cambio para
algo mejor”35.
En sus ataques contra la riqueza
y mundanidad del clero, Wyclif fue terriblemente apasionado. “Estos
comentarios suyos sobre la propiedad comunitaria de todas las cosas
no pasan de ser un ejercicio de lógica formal”36.
Prescindiendo de su contexto escolástico y despojados de sus
matices, estos mismos comentarios no podían distinguirse fácilmente
del anarquismo místico del Espíritu Libre, y hubiera sido
sorprendente que entre la multitud de estudiantes de toda surte y
clase que se congregaban en Oxford, no hubiera habido ninguno que se
apropiara estas ideas y las esparciera por el exterior, simplificadas
en frases propagandísticas. De ahí la rápida difusión de las
ideas de Wyclif en otros reformadores europeos. El más sobresaliente
después de Wyclif, evidentemente, fue Juan Hus37.
Juan
Hus (c. 1369-1415)
No
había ninguna parte de Europa que las acostumbradas críticas contra
la Iglesia pudieran expresarse con mayor convicción que en Bohemia.
La riqueza de la Iglesia era allí enorme: la mitad de la tierra era
propiedad eclesiástica; muchos clérigos, especialmente los grandes
prelados, vivían de un modo evidentemente mundano; la curia romana,
por su parte, interfería continuamente en los asuntos internos del
país y obtenía de él grandes beneficios financieros. La
acostumbrada animosidad del laicado en contra del clero estaba
fuertemente reforzada por el “sentimiento nacionalista”38.
Desde el siglo XII había existido en Bohemia una importante minoría
de ascendencia alemana, de lengua alemana y que conservaba su
carácter alemán; y estas personas eran particularmente numerosas
entre el alto clero. Las quejas de los checos en contra del clero se
fusionaron entonces con las disputas que tenían contra la minoría
alemana39.
Juan
Hus hace culminar el movimiento de la reforma que venía
produciéndose en Bohemia. Se pronunció contra la corrupción de la
Iglesia y reclamó que los laicos recibiesen la comunión bajo las
dos especies40.
Esto constituía un ataque directo al estatus diferenciado de que
gozaba el clero, que administraba a los fieles el sacramento
eucarístico sólo bajo la forma del pan que se convertía en carne
de Cristo y se reservaba para sí tomar el vino, que se transformaba
en la sangre de Cristo, como un privilegio exclusivo de los
sacerdotes. La doctrina husita del “ultraquismo”, comunión bajo
las dos especies para todos los fieles, era ya una expresión
práctica de lo que Lutero llamaría después “el sacerdocio
universal de los creyentes”41.
Los reformadores anteriores a él
están presentes en su pensamiento, especialmente Milic y Janov42
con sus ideas sobre la Biblia. “Hus es un producto del cisma y de
la promoción de los universitarios checos con la reforma de la
universidad”43;
inserto en la nueva piedad del siglo XV pero sin romper con la
tradición medieval.
Tradujo la Biblia al checo. Pero
el rasgo más destacable de la biografía de Hus, y más importante
por cuanto a su trascendencia posterior, es su muerte. Impulsado por
la idea de la cooperación internacional para lograr la reforma de la
Iglesia, pero fue condenado a la hoguera por hereje el 6 de julio de
1415; aún gozando de un salvoconducto imperial.
El cisma y la situación de
Bohemia repercuten en sus ideas: el clero, generalmente mal formado y
de malas costumbres. Eran actitudes criticadas por un pueblo que, a
consecuencia de la tardía cristianización, tenían ciertos restos
de paganismo44.
También influyen en Hus las ideas de la Devotio Moderna y la reforma
checa anterior a él. Pero las influencias concretas son San
Bernardo, algunos padres de la Iglesia, las Escrituras y el Nuevo
Testamento. De mayor importancia es la influencia de San Agustín:
predestinación y jerarquía. El mismo Hus se siente discípulo de
San Agustín. Sin embargo, De Vooght afirma que Hus deforma las ideas
de San Agustín y le da una perspectiva diferente. A pesar de todo,
es sabido que el gran inspirador de Hus es Wyclif; aunque Hus era
independiente en su criterio a la hora de organizar, seleccionar,
cambiar u omitir los textos de Wyclif. Según afirma Chaunu, Wyclif
es más sistemático y va al fondo de los problemas, mientras que Hus
es más pastoral y critica la superficie. Para él “Wyclif anuncia
a Calvino y Juan Hus a Lutero”.
En contraposición a la idea de Chaunu, Leff expone que Wyclif es un
hombre aislado, mientras que Hus es el producto de una sucesión de
reformadores y un líder, lo que nunca fue Wyclif. Si los loardos no
hubieran existido, la historia europea no habría cambiado por ello;
no puede decirse lo mismo de los husitas y sus repercusiones.45
Según Juan Hus, la Iglesia
católica es el conjunto de todos los predestinados, presentes y
futuros. Los praesciti (los condenados) quedan al margen. La Iglesia
auténtica y única no puede confundirse con la casa de Dios ni con
sus ministros; la Iglesia es una congregación aunque no toda la
congregación es Iglesia Santa. La Iglesia Santa se dividiría en: la
Iglesia militante de los predestinados que luchan contra el mundo, la
carne y el diablo; la Iglesia durmiente de los predestinados que
están en el Purgatorio, y la Iglesia triunfante de los santos que
vencieron a Satán. De Vooght expone que Hus distingue una Iglesia
terrestre, a la que todos pertenecen, y ora de los predestinados
exclusivamente. La idea de Iglesia de la predestinación es clara
influencia de Wyclif; mientras que la Iglesia como congregación de
todos los fieles es influencia de una idea tradicional de la teología
medieval46.
Según Juan Hus, el Papa y todos sus adyacentes no forman parte de
los predestinados; porque forman parte de un poder temporal. Así
que, la cabeza de la Iglesia es sólo Cristo. Hus sólo intenta
llegar a la Iglesia primitiva, que se regía sin papas ni cardenales.
Con respeto al tema de la
Eucaristía, Hus no negaba la presencia real de Cristo en el pan y el
vino; al contrario de lo que exponía Wyclif. Según Hus, hay que
creer que en el sacramento del altar está el verdadero cuerpo y la
verdadera sangre de Cristo47.
De este modo, fue una gran repercusión en el movimiento husita
posterior la teoría de las dos especies.
Otra aportación interesante de
Juan Hus es la crítica a los problemas de la Iglesia. Critica el
tema de las indulgencias y el pago de las bulas48.
Para Hus, “la única manera de absolver los pecados tenia que ser
ministerialmente, a través de los sacramentos de la penitencia, pero
bajo la forma de indulgencias resultaba una presunción por parte del
vicario de Cristo e incluso una blasfemia”49,
ya que el Papa no sabe si Cristo quiere que lo haga o no. No puede
asegurarse a nadie que después de la muerte se le vayan a aplicar
las indulgencias concedidas en vida. De este modo, rechaza plenamente
las indulgencias establecidas por dinero o contra el pago de algunas
tasas, no las dadas en confesión a un sacerdote. Finalmente, critica
también los desordenes, los vicios y la riqueza del clero50.
HEREJÍA
MEDIEVAL Y REFORMA PROTESTANTE: SUS VINCULACIONES
John
Wyclif como precursor del movimiento husita y de la Reforma
Protestante
La
relación entre Wyclif, Hus y Lutero, que hoy en día nos parece tan
evidente, no fue siempre apreciada y de hecho son escasos los textos
contemporáneos de la Reforma Protestante que citan tal relación, ya
que la figura del maestro de Oxford fue oscurecida por los dictámenes
del Concilio de Constanza (1414-1418), por la represión de la Corona
inglesa contra sus seguidores y por la propia reforma anglicana51.
La
conexión entre Wyclif y Hus es evidente, aunque aún hoy se discute
en torno a las vías de comunicación de tal relación. Desde 1388
encontramos en Oxford a estudiantes checos, que crearon un centro
propio dentro de la universidad, en donde enraizarían las ideas de
Wyclif y desde donde éstas partirían hacia Bohemia, Moravia y más
allá. En Bohemia el wyclifismo contaría con seguidores activos,
como el inglés Peter Payne o los checos Nikulas Faulfiss y Jiri
Knehonic. Todo ello condujo al propio Hus a afirmar en 1411 que las
obras de Wyclif circulaban desde hacía más de veinte años por la
Universidad de Praga. De hecho, algunas de sus obras como el De
Dominio Divino
nos son conocidas gracias a manuscritos bohemios. “La relación era
tan evidente para los teólogos de principios del siglo XV, que el
mismo Jean Gerson denunció en Constanza (1415) la existencia de una
conexión herética entre Inglaterra, la Universidad de Praga y el
Reino de Escocia”52.
Sin
embargo, la influencia real de Wyclif sobre Lutero plantea un mayor
número de incógnitas. Sabemos que el agustino manejó el Trialogus
y que en 1519, en la ciudad de Leipzig, defendió como propias las
ideas de Wyclif. Pero en la mayoría de sus obras, al igual que
Melanchton, su pensamiento se considera deudor de Hus, sobre todo a
lo que atañe a la riqueza del clero y a la fidelidad al Evangelio.
Las diferencias entre Wyclif y Lutero se acentúan a la hora de
analizar su pensamiento a la luz de sus vivencias personales. Por
ello, “algunos autores han llegado a la conclusión de que la
relación entre Wyclif y Lutero fue un invento de la historiografía
inglesa del siglo XIX, que con la figura olvidada de Wyclif
pretendían buscar un origen inglés a la Reforma Protestante”53.
La
relación entre el Husismo y la Reforma Protestante
“Los
mismos protestantes reconocieron las deudas contraídas con Wyclif y
especialmente con Hus”54.
Estos son algunos aspectos que tienen en común:
En primer lugar, la intención
reformadora. Ambos quisieron cambiar los fundamentos del dogma y la
Iglesia porque deseaban preservarlos de la propia crisis
eclesiástica55.
En segundo lugar, las
circunstancias. Hus y Lutero eran miembros de la periferia de la
cristiandad occidental, lo que les acarreaba una cierta frustración
y permitió que obtuvieran algún apoyo de tipo nacionalista en su
escenario geográfico56.
En tercer lugar, las ideas. Hus
y Lutero buscaban ante todo un cristianismo que hiciera más
personales las relaciones del hombre con Dios57;
y esto se puede ver en el acercamiento entre sacerdotes y laicos, la
importancia concedida a las Escrituras, el uso de la lengua nacional
para la lectura y culto, la interpretación de la Iglesia como
conjunto de predestinados, el alejamiento de la autoridad papa y de
las jerarquías eclesiásticas en general, y finalmente la oposición
a las indulgencias.
Pero, cabe aclarar que desde el
punto de vista doctrinal son prácticamente los mismos aspectos los
que aporta Wyclif a la Reforma, a excepción de la negación de la
presencia real de Cristo en la comunión, que los que aporta Hus.
Pero hay otros pensadores checos que influirán; como Milic de
Kromerice con su idea del Anticristo y Pedro Chelcicky, que
colaborarán al profestismo apocalíptico luterano. Por otro lado,
“los aspectos de la reforma checa que interesaban al hombre y a la
sociedad interior dejarán huella en reformadores como Zwinglio”.58
MARTÍN
LUTERO (1483?-1546)
Dentro
del ambiente reformador del siglo XVI, Lutero fue el roturador de
caminos nuevos que otros transitarían con más tranquilidad y con
menos sobresaltos. En concreto, solucionó el problema fundamental de
la piedad medieval, el de la salvación, se encargó de romper con
Roma y ofreció pautas para otras vías con el recurso a la Sagrada
Escritura como criterio decisivo que sucesores y colaterales se
encargarían de matizar59.
Lo que no quiere decir que las reformas paralelas o posteriores, en
cierto sentido complementarias, no tuviesen talante de novedad ni que
sus protagonistas no fuesen personalidades de excepción. En este
sentido puede afirmarse que Lutero fue el final de feudalismo
religioso; Zwinglio, Calvino, los independientes y radicales, fueron
producto del Humanismo y miran más a la modernidad60.
El dato más destacado de su
biografía, quizá sea la anécdota de las Indulgencias, cuando el 31
de octubre de 1517 Lutero empieza a divulgar en Wittenberg 95 tesis
denunciando la falsa seguridad procurada por las indulgencias, cuya
predicación y venta han confiado a los dominios del papa y Alberto
de Brandeburgo61.
Y aunque el escándalo ha sido ya denunciado anteriormente, “la
iniciativa de Lutero tiene consecuencias inesperadas”62.
La mayoría de las veces se
define la obra de Lutero a partir de su lucha contra la Iglesia. Con
razón, porque es lo que la hace pertenecer al gran movimiento de
secularización. “Se bate contra la Iglesia y la red de mediaciones
y de prácticas mágicas que ella creó entre los hombres y Dios.
Fustiga la piedad, las buenas obras, todo aquello con lo que los
cristianos se esfuerzan para ganar su salvación, para arrojarlos al
pecado, a la concupiscencia, que nunca consiguen dominar, y dejarlos
a la buena voluntad de Dios, cuya justicia, que no es represión sino
amor, es la única vía hacia la salvación. El verdadero cristiano
no es el hombre piadoso sino aquel que se transporta por la fe hasta
Dios, que tiene confianza en su gracia, aunque no pueda vivir en la
certidumbre de ser salvado”63.
Contexto
social, religioso y político
Un asunto interno de la Iglesia
Católica tenía especial repercusión en Alemania: el de las
finanzas. Los papas tenían grandes necesidades de dinero para el
mantenimiento del estado de la Iglesia. El aumento de las
indulgencias a finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI tenía
ante todo una motivación financiera64.
La venta de cargos eclesiásticos así como el hecho de que muchos
obispos se vieran a sí mismos como señores seculares hizo, entre
otras causas, que la historia eclesiástica del final de la Edad
Media fuera un “bochorno de inmoralidad y arbitrariedad”65.
Por lo que respecta a Alemania, es sabido que desde comienzos del
siglo XV se había manifestado quejas y protestas contra las
exacciones papales66.
Desde su primera expresión en el Concilio de Constanza en 1417, las
Dietas Imperiales se hicieron eco de esas protestas y agravios, en
las que se combinaba la exigencia de reforma eclesiástica con la
propia necesidad de reforma del imperio. En los años anteriores a la
Reforma Luterana, el papa se podía presentar a los alemanes como “el
enemigo que les privaba de sus riquezas y libertad”67.
Desde el siglo XIV se había difundido un movimiento de
espiritualidad, la Devotio Moderna, que iba a contribuir a la reforma
de la espiritualidad de los conventos y también de los laicos a
través de los Hermanos de la Vida Común68.
“Esta nueva espiritualidad iba a consolidar el espacio interior de
una individualidad más independiente y fraternal, para la que no son
importantes ni los votos ni las promesas ni las sanciones
canónicas”.69
Escritos
Dentro
de su numerosa producción literaria de Lutero, hay libros
sustanciales en los que supo comunicar su mensaje reformador de la
Iglesia:
Tratado sobre el papado de
Roma (1520),
“vacía de contenido al papa de Roma, inútil en una iglesia sin
jerarquías, espiritual, comunidad de creyentes en Cristo. Es la
comunión en esta fe la que constituye a la verdadera Iglesia”70.
Manifiesto a la
nobleza cristiana de Alemania
(1520), cuando publicó esta obra la doctrina de Lutero ya había
sido condenada por Roma. Él condena a Roma y todo su sistema como
“incompatibles con cualquier proyecto de reforma evangélica,
encastillado como se halla el papado tras las murallas de su
pretendido poder eclesiástico sobre el secular, sobre la Sagrada
Escritura, de su monopolio sobre el concilio”71.
Pero la trascendencia del Manifiesto radica en el presupuesto de que
todo cristiano es sacerdote (aunque no sea ministro de la palabra y
los sacramentos) y en la transferencia que se hace de la capacidad y
autoridad reformadora en beneficio de los señores territoriales, de
príncipes, de oligarquías urbanas, sustrayendo estos poderes al
papa72.
“Dios nos ha dado por cabeza a un joven noble y, con él, la firme
y buena esperanza” para derribar las murallas de Jericó.73
La cautividad
babilónica de la Iglesia
(1520), en esta obra reduce los sacramentos a dos (o a tres, ya que
el de la penitencia-confesión no parece rechazarlo del todo): el
bautizo y la eucaristía. Son los únicos establecidos por Cristo,
los que contienen la promesa salvadora a través de los signos
corroboradotes de tales promesas aceptadas por la fe en la palabra de
Dios. Los otros (confirmación, matrimonio, ordenación sacerdotal,
extremaunción) no son más que ceremonias abusivas o inventos
humanos, aunque algunos, como el matrimonio, revalorizado desde su
dimensión social, no carezcan de sentido para el orden civil74.
Otra de las denuncias es el tema de la eucaristía. De ahí, la ira
desatada contra la tiranía del papado por el cautiverio en que tiene
a la eucaristía: ha robado a los cristianos el derecho de comulgar
también en el cáliz (bajo las dos especies, como decía Hus); ha
racionalizado el misterio, al explicar la presencia eucarística de
Cristo por la extraña teoría de la transubstanciación (desaparece
la sustancia del pan y del vino aunque permanezcan los accidentes
–apariencias- de color, sabor, olor) en lugar de atenerse a la
palabra de Dios, que habla en el Evangelio de presencias simultáneas
del pan, del vino y del cuerpo de Cristo (consubstanciación)75.
Y la prisión más intolerable: que la misa se vea como un sacrificio
ofrecido por los hombres, en lugar de verla como la vivencia de la
promesa y la aceptación del perdón, pero realizado todo una sola y
grandiosa vez por Cristo76.
Sobre los votos
monásticos
(1521), Lutero va más
allá y no se limita a atacar al celibato: los votos (castidad,
obediencia, pobreza), sustentáculo de las órdenes religiosas, no
sólo con una invención humana sino que constituye una agresión
clamorosa contra la fe, contra Cristo y su mediación única que se
intenta suplantar por lo que se cree obra meritoria77.
Reino
de Dios y Reino del mundo
Durante
la Guerra de los Campesinos, especialmente en el año 1525, Lutero
tomó posición enseñando que la libertad del cristiano no se puede
confundir con la liberación social y política78.
Con la Guerra de los Campesinos acaba un primer período de
cimentación y rápido crecimiento de la Reforma. A partir de
entonces la expansión de la Reforma conoció otro ritmo y se realizó
bajo otras condiciones. Siguió conociendo controversias internas y
dependió del poder secular dando lugar a la formación de iglesias
evangélicas territoriales.
“Reino
de Dios y reino del mundo” 79son
dos comunidades de personas con una cabeza que se van a diferenciar
también por tener cada uno una manera distinta de gobernarse. El
gobierno espiritual consiste en gobernar mediante la palabra y los
sacramentos que es el modo en que Dios gobierna a sus creyentes, y el
gobierno secular consiste en el empleo de la espada. Dios utiliza
este modo de gobierno, con la espada y con la ley, para los no
cristianos. Siendo ambos tipos de gobierno necesarios en el mundo,
Lutero insiste en su separación, pues “de la utilización de una
forma de gobierno en el reino no adecuado se deriva corrupción y
desastre”80.
El
hombre cristiano se encuentra en una agonía constante que Lutero
resuelve afirmando: a) que la autoridad es una institución de origen
divino, b) que el cristiano en cuando tal no necesita de la
autoridad, c) que la aceptación de la autoridad por el cristiano,
así como el servicio a la misma, e incluso su ejercicio, derivan de
un motivo estrictamente cristiano: el amor al prójimo. El cristiano
sirve a la autoridad e incluso la desempeña porque es útil y
necesario para el prójimo.81
Lutero
rompe la idea medieval de la cristiandad: La cristianitas,
en su formulación madura bajomedieval, comprendía a todos los
hombres creyentes en una iglesia universal, dentro de la cual
existían dos órdenes y dos poderes: el eclesiástico y el laico. No
había dos reinos y, como resalta Lutero, cada orden no poseía una
manera unívoca y diferenciada de gobernar. Donde tenía que haber
sólo palabra y predicación había también, según Lutero, coacción
y castigo temporal82.
Sobre
la resistencia a la autoridad Lutero establece lo siguiente: 1) El
súbdito individualmente considerado no puede ejercer ninguna
resistencia activa contra la autoridad. 2) Resistencia activa contra
la autoridad sólo la pueden ejercer aquellas personas que poseen
funciones de autoridad ellas mismas. 3) Una resistencia activa puede
fundarse en un derecho de resistencia, como en el caso de la legítima
defensa reconocida por el derecho político positivo. Puede fundarse
a sí mismo en la obediencia a Dios: esta posibilidad de resistencia
se da en el caso del invasor, que es el representante del no-orden.
La resistencia sirve aquí a la reconstrucción del orden divino.83
Significado
de la Reforma Luterana
La
Reforma de Lutero fue un gran cambio del paradigma católico romano
medieval al paradigma evangélico protestante: en teología y en el
ámbito eclesiástico equivalía a un “alejamiento del
eclesiocentrismo de la Iglesia Católica hacia el cristocentrismo del
Evangelio”84.
De este modo, a partir del mismo momento en que los creyentes se
dedicaron a leer la Biblia personalmente, empezaron a interpretarla
desde un punto de vista personal, y sus interpretaciones no siempre
concordaban con la de los reformadores85.
De ahí las distintas vertientes del Protestantismo que fueron
apareciendo a lo largo de la historia.
Durante
muchos siglos, la Iglesia de Roma, a pesar de sus errores, había
desempeñado una importantísima función normativa en la sociedad
europea. El ataque furioso de Lutero obstruyó seriamente esa
función. Como resultado produjo, junto a un sentimiento de
liberación, otro de desorientación que alcanzó idénticas
proporciones86.
La Reforma Luterana no podía dominar todas las ansiedades que había
desencadenado la población. Debido al contenido de su doctrina de
salvación y a su alianza con los poderes seculares establecidos;
Lutero no pudo mantener la lealtad de las grandes multitudes
populares87.
Por ello, entre las masas perturbadas y desorientadas creció, en
oposición tanto al luteranismo como al catolicismo romano, un
movimiento al que sus oponentes dieron el nombre de Anabaptismo. De
ahí que posteriormente se den nuevos modelos reformadores, como es
el caso del calvinismo, capaces de dar soluciones espirituales a
todas los extractos sociales de la sociedad moderna88.
Según
nos indica Max Weber, las diversas grandes religiones habían
favorecido u obstaculizado la secularización y la racionalización
modernas. En el caso del cristianismo, su atención se concentró en
la Reforma y en la idea calvinista de predestinación que “sustituye
al ascetismo fuera del mundo por el ascetismo en el mundo”89.
Según Weber, la importancia del protestantismo no estriba en el
contenido de su fe, sino en su rechazo al encantamiento del mundo
cristiano, definido a un tiempo por el papel de los sacramentos y el
poder temporal de los papas90.
Influencias
en la obra de Martín Lutero
En el caso del humanismo, estos
tomaban del protestantismo las armas teológicas para luchar contra
la Iglesia; y también una cierta religiosidad y apariencia mística
necesaria para arraigar en un mundo presidido por la idea de Dios.
“El humanismo podía utilizar en su provecho muchos de los
presupuestos esenciales del protestantismo: alejar del hombre la
presencia de Dios, considerar que sólo al hombre (sin Dios) le
corresponde la tarea de edificar la sociedad y el Estado, hacer del
hombre el solo amo del mundo”91,
etc. A modo de ejemplo, entre la conducta protestante y la idea
humanista, cabe destacar que “Erasmo redescubre la imagen estoica,
republicana, del varón virtuoso cuya conducta y voluntad todo lo
consigue; mientras que Lutero desprecia al hombre, a su razón, a su
naturaleza, a su virtud”92.
De este modo, Erasmo todo lo funda en la razón y en la virtud;
mientras que Lutero todo lo funda en la fe y la gracia. Sin embargo,
tanto Lutero como Erasmo tenían ideas en común: ambos arremetían
contra papas, obispos, abades y clérigos93;
al igual que los reformadores medievales. Erasmo era amigo de casi
todos los hombres de la Reforma, pero nunca cedió a las
insinuaciones de Lutero para que dejase la Iglesia de Roma y se
uniese a la Reforma94.
Erasmo entiende al hombre y su libertad de otra manera que Lutero. De
ahí los tratados de El
libre albedrío y
El siervo
albedrío.
Dos
figuras influyentes en la doctrina luterana fueron tanto el
nominalista Ockham como Marsilio de Padua. Ockham afirma que toda
autoridad proviene de la escritura y de la Iglesia universal y no del
romano pontífice95.
Marsilio de Padua se une al cambio concibiendo una Iglesia universal
ecuménica y democrática, basada en la supremacía de la escritura
como fuente de autoridad, y en la que la escritura sólo deber ser
interpretada por los concilios en casos oscuros96.
Estas mismas ideas radicalizadas se reiteran en las actitudes de
Wyclif y Hus. Como consecuencia de estas afirmaciones, “el
principio protestante de la sola escritura se encuadra históricamente
en una lucha política e instrumento para reforzar y legitimar los
poderes políticos del príncipe territorial”97.
La sola escritura priva de razón sustancial a la Iglesia y deja al
príncipe como único titular de cualquier forma de poder y
autoridad: ha nacido, de este modo, el Estado en su forma moderna98.
La
sola fe y la doctrina de predestinación
El desprecio de la razón es una
nota característica del pensamiento de Lutero. “La razón para
Lutero es la ramera
del diablo, el más
desastroso embaucador del hombre”99.
Dios se esconde de la razón idólatra del hombre y se hace accesible
sólo por la fe. Por eso, para Lutero la razón y la fe se
contradicen. El hombre no puede conocer a Dios con la razón, porque
el hombre y Dios son realidades contrapuestas y porque la razón es
un instrumento del mal100.
La afirmación de la
predestinación y la negación del libre albedrío se pueden
considerar, junto a los dogmas de la sola fe y la sola escritura,
ontológica del protestantismo y principio común a todas las
Iglesias protestantes. “La doctrina de la predestinación es la
expresión más radical de la teoría de la salvación por la sola
gracia y el arma más poderosa de la polémica antijerárquica
protestante”101.
Según Nietzsche, “Lutero se
indignó contra el renacimiento de Roma, en vez de entender, con el
más profundo agradecimiento, el extraordinario acontecimiento
ocurrido: la derrota del cristianismo en su propia sede. En la sede
papal ya no estaba asentada la antigua corrupción, ese pecado
original que es el cristianismo; quien se había asentado allí era
la vida, el triunfo de la vida. Y Lutero restauró la Iglesia
nuevamente”102.
LAS
REFORMAS RADICALES
Por
Europa aparecieron movimientos y personas contestatarios tanto de la
Iglesia romana como de las nuevas, miradas como insuficientes para la
trasformación social (y política), que apoyándose en la Sagrada
Escritura, debía derivarse de las convicciones y actitudes
religiosas. Estos movimientos, efímeros o permanentes, fueron
siempre víctimas de la persecución desencadenada y ejercida sin
contemplaciones por los poderes políticos y por las confesiones
oficiales. De este modo, podríamos hablar de dos tipos de
conflictos: La Guerra de los Caballeros y la Guerra de los
Campesinos103.
“La
más trascendental fue la, impropiamente, llamada “Guerra de los
Campesinos”, con antecedentes en las reiteradas inquietudes de
Alemania desde mediados del siglo XV”104.
Andreas
Bodenstein de Karlstadt (¿? -1541)
Compañero
de Lutero desde los primeros tiempos y decano de la Facultad de
Teología de Wittenberg, cuando en junio de 1521 regresó de
Dinamarca se convierte en la máxima autoridad espiritual de la
ciudad105;
iniciando un rápido “proceso de descatolización”106
de la ciudad al que arrastró al sucesor de Lutero, Felipe
Melanchton: misas privadas suprimidas, repartía la comunión bajo
las dos especies, en Navidad celebró la primera “misa evangélica”
(todavía en latín), proclamó el matrimonio de los sacerdotes,
destrucción de altares e imágenes... Además, hizo mucho más
hincapié que Lutero en la santificación del hombre y en el valor
del Antiguo Testamento107.
Después
de varios enfrentamientos, cuando al final rechazó el bautismo de
los niños, Lutero lo expulsó de su parroquia y de Sajonia. En
definitiva, fue uno de los primeros proscritos de la Reforma108.
Thomas
Müntzer (1488/1489-1525)
Este
peculiar personaje nació en Stolberg (Harz) en 1488 o 1489, había
estudiado en Leipzig y en Francfort del Oder, residió durante un
tiempo en Brunwick y, a principios de 1518, llegó a Wittenberg.
Pronto ejerció allí Lutero un influjo sobre él, sin que Müntzer
perdiera su propia identidad. En 1520 fue nombrado párroco de
Zwickau y se unió a la reforma de los laicos capitaneada por los
trabajadores allí residentes. Cuando el consejo municipal lo
destituyó en 1521, huyó y fue nombrado párroco de Allstedt (Halle)
en 1523. Allí reformó la liturgia de un modo radical y siguiendo
los principios de su teología, compuso cantos de iglesia en alemán
y fue el primero en crear una liturgia alemana completa109.
Desde 1523 se enfrentó públicamente contra Lutero, a quien acusaba
por que predicaba la bondad de Cristo y la gracia “barata”, pero
no el rigor de la ley. Para Müntzer la doctrina luterana de la
justificación era totalmente errónea y peligrosa, porque llevaba a
los hombres a no practicar los mandamientos de Dios en su vida. El
reino de Dios tenía que imponerse mediante el cumplimiento de la ley
en la tierra recurriendo, en caso de necesidad, a la fuerza. Había
que hacer la voluntad de Dios, cumplir sus mandamientos, mientras que
el hombre tenía que anular su “querer valer por sí mismo”.
“La
teología de Müntzer representaba un sincretismo, particular y muy
atractivo, de las tendencias más dispares. Unió ideas de la mística
del sufrimiento y de la experiencia de Dios con imágenes
apocalípticas que exigían la implantación del reino de Dios
mediante la separación de buenos y malos en este mundo”110.
La palabra interior, el Espíritu vivo de Dios, así pensaba Müntzer,
actúa en el hombre que ha anulado su propia voluntad y trata de
llevarla a la práctica. “La mística era para él no sólo una
experiencia personal del individuo, sino que incluía una dimensión
política del comportamiento”111.
Un
primer intento de realizar sus deseos lo hizo en 1521 con el llamado
“Manifiesto de Praga”, un documento que contenía una crítica
general de la Iglesia y un llamamiento a la formación de una Iglesia
nueva llena del Espíritu112.
Al fracasar esta acción, vio en los campesinos rebeldes a los
elegidos de Dios, escogidos en lugar de los príncipes obstinados y
egoístas, para el reino de Dios, que ellos tenían que construir.
También en esta ocasión Müntzer pensaba en primer lugar más en
una especie de resistencia pasiva que en una violencia activa. Pero
en las últimas semanas de la guerra de los campesinos se alió con
los rebeldes de Mühlhausen como un “siervo de Dios contra los
impíos”113,
como “una herramienta en manos de Dios”114.
En la batalla decisiva del Frankenhausen, el día 15 de mayo de 1525,
contra los ejércitos aliados de los príncipes, catastrófica para
los rebeldes, fue hecho prisionero y poco después ajusticiado. De
esta manera acabaron los sueños de un hombre cuya participación en
la guerra de los campesinos fue sólo un hecho episódico, pero que
después desempeñó un papel importante en la teoría revolucionaria
del marxismo y cuya calidad teológica fue motivo de conflicto de
opiniones y polémica, pero que hoy es ampliamente reconocida115.
Su
transmisión historiográfica ha sido sistemáticamente manipulada. Y
lo ha sido desde que Lutero y Melanchton forjaron la imagen (en los
mismos días de la tragedia) de archidiablo116,
hasta la imponente producción bibliográfica que se desencadenó con
ocasión del 450 aniversario de su muerte (1975) en la República
Democrática Alemana, reivindicadota de una figura que en la
primitiva revolución burguesa avanzó, o quiso avanzar, una
auténtica república popular de trabajadores117.
El
anabaptismo
El
movimiento baptista no constituyó una realidad uniforme que
practicara de modo sistemático el bautismo de adultos, que anunciara
su mensaje y que consiguiera prosélitos, sino un fenómeno
polivalente con las más diversas variedades, inspiradores e ideas118.
Aunque
Lutero y los reformadores de Wittenberg atribuyeran su origen a
Zwickau, Karlstadt y Müntzer, nadie pone en duda hoy que fue un
movimiento independiente surgido en Zurich en el entorno de
Zwinglio119.
Es
un producto original de la Reforma, así que no tiene ninguna
relación con otros movimientos anteriores (cátaros, valdenses o
hermanos bohemios); pero en su seno se detectan corrientes muy
variadas, que van desde el anabaptismo pacifista al apocalíptico120.
De este modo, “tampoco deben confundirse con los iluminados, de los
que se diferencian en que no creen posible realizar el reino de Dios
en este mundo ni que deba imponerse por la fuerza; ni con los
espiritualistas, pues los baptistas sostienen que la comunidad es
visible y se manifiesta en el bautismo, signo de alianza, la
celebración de la Cena y el espíritu de penitencia”121.
Eran
opuestos a la Iglesia oficial y también a la Reforma. Así que no
toman parte en las actividades ciudadanas ni pagan impuestos. Pero no
fue ésta la causa de su persecución, sino el considerar “el
bautismo de niños como un crimen insensato y blasfemo”122.
SEGUNDA
GENERACIÓN DE REFORMADORES
La
Reforma en Zurich: Zwinglio (1484-1531)
Aunque Ulrico Zwinglio era menos
de un año más joven que Lutero, siempre conservó un aire
relativamente juvenil, e incluso adolescente. Nacido en Wildhaus, en
la región montañosa de Toggenburgo, tuvo acceso a la universidad, a
pesar de que sus padres eran pobres, debido a sus sobresalientes
dotes intelectuales. Estudió en Viena y Basilea, experimentó la
influencia de doctrinas tan curiosamente dispares como eran el
humanismo y aquella filosofía escocesa que revisaba la de Tomás de
Aquino y que los maestros nominalistas de Lutero habían rechazado123.
En 1506 empezó su labor pastoral. Entre tanto, estudió, se hizo
erasmista, leyó el Nuevo Testamento con una actitud nueva124.
Le gustaba afirmar que había llegado a sus propias doctrinas
teológicas, independientemente de las de Lutero, pero “los
especialistas modernos piensan que en esto se engañaba, y
ciertamente cuando sus actividades reformistas comenzaron ya se había
hecho sentir el impacto de Lutero en las ciudades suizas”125.
En divergencia con Lutero, y lo
mismo como preparador de Calvino, Zwinglio lanzó en Zurich un
movimiento radical de crítica a Roma y de exaltación del valor
absoluto de la Biblia, que luego perdería su personalidad propia,
absorbido por la gran dualidad de esos dos máximos reformadores, por
más que su impulso fuera tan original y enérgico como el de ellos126.
Sin embargo, “a Lutero le
sobraba el condicionar la palabra de Dios a la letra y le faltaba la
dimensión social de la libertad cristiana como fermento de la
subversión. Pero también le faltó el sentido de Iglesia que
Zwinglio y Calvino, con formación y mentalidad humanistas, modernas,
en contraste con el talante feudal luterano, se encargarían de
ofrecer como alternativa a la Iglesia de Roma”127.
El programa de Zwinglio tendió
a reformar a la Iglesia directamente, a llevar el Evangelio a la vida
desde la experiencia pastoral directa128.
Formuló ya con toda claridad “el principio básico de la Sagrada
Escritura como única referencia de fe y de comportamientos”129.
Quizás lo más importante e
interesante de la Reforma en Suiza es el capítulo de la Eucaristía.
Zwinglio se enfrentó con Lutero por cuestiones dogmáticas referidas
a la Santa Cena. “Lutero no podía tolerar que le robasen la
presencia física de Cristo en el pan y el vino (consubstanciación),
ni Zwinglio, más racionalista, estaba dispuesto a ir más allá de
una presencia simbólica de la comunión de los creyentes como
memorial de la pasión de Cristo”130.
Sin embargo, también se ha afirmado que lo que para Lutero
significaba la presencia real de Cristo en la celebración, “Esto
es mi cuerpo…Esto es mi sangre” (Mateo 25; Marcos 14, 22; y Lucas
22, 19); para Zwinglio no era más que un símbolo, sin ir más
allá131.
La
Reforma en Ginebra: Calvino (1509-1564)
Calvino
pertenece, junto con Zwinglio, a la segunda generación de
reformadores, por lo tanto, no sólo pudo vivir las tensiones que
generó en la sociedad europea la ruptura de la unidad religiosa,
sino que él mismo fue víctima de la represión. Sin embargo,
“defenderá la persecución por motivos de conciencia y la
practicará”132.
A
Calvino le preocupaba conseguir no sólo una renovación más o menos
completa sino una reedificación sistemática de la Iglesia, una
reforma global de la doctrina y de la vida. En contraste con las
medias tintas de los luteranos, la Reforma debía llevarse a cabo con
toda coherencia133.
Calvino
entra más en la modernidad que Lutero, a la vez que se distancia aún
más que éste del catolicismo de entonces: lo que en Lutero eran
paradojas y ambigüedades, en Calvino se hacen afirmaciones
racionales llevadas a un extremo angustioso, en cuanto al destino del
hombre en la eternidad134.
“La división original entre elegidos y proscritos supone ahora una
aristocracia establecida por Dios mismo”135.
La
Iglesia de Calvino responde a principios teológicos que presuponen y
completan el hallazgo luterano de la justificación por la fe y del
principio de la sola Escritura136.
Ahora Dios es “el señor feudal o el monarca absoluto, con su
señorío indiscutible y al que el creyente sólo puede rendir el
tributo de vasallaje y sumisión cifrado en glorificarlo, en
honrarlo”137.
Pertenecer a la Iglesia es la mejor pista de saber si se está
predestinado a la salvación. Ahora Ginebra será la Ciudad-Iglesia
por antonomasia. Esta nueva Iglesia es ahora la rival de la Iglesia
Católica. En la Ciudad-Iglesia no se daba importancia sólo a la
palabra y a los sacramentos: se exigía un estilo de vida peculiar
adecuado a la Biblia138.
Se trata de una nueva Iglesia muy jerarquizada, donde no hay lugar a
la analfabetización y donde todo está controlado exhaustivamente:
desde el nombre de los recién llegados al mundo (Ginebra se pobló
de Saúl, Judith, Jacob, Raquel…), pasando por el control del
horario de los niños, siempre repletos de actividades sin dejar
lugar al maldito juego; hasta el seguimiento de las actividades de
los jóvenes, sin posibilidad ni al alcohol ni a las canciones que no
fuesen los salmos139.
Hasta las lecturas se vigilaban con celo, y la Inquisición se
encargó de quemar los libros prohibidos.
Bien
mirado, el calvinismo puro sólo era implantable en la república de
Ginebra. No obstante, fue la confesión protestante más dinámica,
adaptable lo mismo a los poderes insurgentes de los Países Bajos
como instrumento de lucha, a los campesinos de Centroeuropa o de
Languedoc, que a burguesías y noblezas francesas o a todos los
puritanos posteriores. Todo ello, por la mera razón de que el
calvinismo contaba con poderosos factores de expansión. Incluso hoy
en día podemos apreciar movimientos evangélicos que utilizan la
misma estructura interna que el calvinismo: jerarquía bien
estipulada, control absoluto de la vida privada, censura con respecto
a la lectura, música, cine…
Cabe
destacar que se ha insistido en la relación directa entre el
calvinismo y primer capitalismo140.
Sin duda, se confunde a Ginebra con puritanismos posteriores
derivantes y se somete la economía a lo religioso141.
La evidencia parece demostrar lo contrario: “el calvinismo no iba
creando condiciones económicas nuevas, se adaptaba a las
existentes”142.
Eso ocurrió en la Ginebra de Calvino, era odioso ser banquero. En
este momento “se estaba más obsesionado por la gloria de Dios que
por la acumulación de capital”143.
CONCLUSIÓN
FINAL: ¿CUÁL
HA SIDO EL ÉXITO DE LA REFORMA?
Muchas
veces, a lo largo de mi vida, me he llegado a preguntar cuál sigue
siendo el éxito del Protestantismo y qué es lo que realmente atrae
y tienta a muchos para formar parte de estas comunidades religiosas
tan espirituales y tan individuales en la relación para con Dios.
Entre otras muchas cosas, estas comunidades evangélicas de Estados
Unidos, América del Sur y Europa (algunas de índole calvinista,
luterana o anglicana) tienen como norma principal la
libre interpretación del Antiguo y Nuevo Testamento;
de ahí que encontremos dentro de las iglesias evangélicas, por
ejemplo en España, tendencias distintas en cuanto a formas de
organizar los cultos dominicales, interpretación de la Biblia y
conductas dentro de la comunidad. Pero, sin duda, lo que más nos
llama la atención del Protestantismo es su sobriedad en
contraposición a la Iglesia Católica: hoy en día lo único que
veremos a las puertas de los templos evangélicos es una simple cruz,
exenta de Cristo; así que, tampoco veremos ni esculturas, ni
relieves, ni obras pictóricas…ni en el interior ni en el exterior
del templo. Obran según la Sagrada Escritura: “No debes hacerte
una imagen tallada ni una forma parecida a cosa alguna que esté en
los cielos arriba o que esté en la tierra debajo o que esté en las
aguas debajo de la tierra. No debes inclinarte ante ellas ni ser
inducido a servirles…”144.
Otro de los presupuestos básicos es, sin duda, la
salvación a través
de la gracia de Dios. En las sociedades de la Edad Media y Moderna la
obsesión constante era la salvación eterna; hoy esta salvación ha
abierto sus horizontes, no sólo se puede conseguir la salvación
eterna gracias a Dios, sino la salvación terrena; ésta última es
la que persiguen hoy en día estas comunidades evangélicas: alejar
al hombre del Diablo, que no es más que los males del mundo de hoy
(drogas, prostitución, delincuencia…). De ahí que se siga
manteniendo en estas comunidades la sentencia clave de la historia
del Protestantismo: “el justo se salvará por la fe” o “sólo
la fe basta”145;
sólo hay que creer en Dios para salvarse, pero siempre siendo fieles
a la comunidad y no formando parte del
mundo146.
A
la hora de realizar este estudio, lo que más me ha llamado la
atención es la Ciudad-Iglesia en la Ginebra calvinista. Según mi
experiencia con respecto a estas comunidades evangélicas, dista muy
poco la organización y el control exhaustivo de la vida privada
llevada a cabo por Calvino de la organización actual de estas
iglesias evangélicas, ya sea en el continente americano como en el
europeo: jerarquía bien definida, desde pastores/predicadores a
doctores; control en la educación infantil, desde la multitud de
horas dedicadas al estudio en las escuelas laicas, actualmente, hasta
el estudio en las escuelas dominicales situadas en las iglesias; a
parte de clases de música, interpretación, etc. Sin dejar lugar
alguno al “maldecido juego”147;
y quizás donde se suele hacer más hincapié por parte de los
adultos de la congregación, la intención de llevar a los jóvenes
por el buen camino;
para ello, es necesario el control sobre la vida privada de los
jóvenes y los limitados momentos de ocio: en la época calvinista la
única música permitida eran los salmos148,
actualmente se suelen adaptar los distintos estilos musicales a la
Palabra (hip hop
evangélico, heavy medieval evangélico, funky evangélico…);
tampoco estaba ni está permitido el uso de sustancias como las
drogas y el alcohol; y, sobre todo, absolutamente todos los aspectos
de la vida están llenos de un cierto puritanismo y un gran sentido
de la providencia divina.
En
definitiva, aún hoy día estamos ante dos figuras antagónicas que
se han enfrentado durante siglos y aún se siguen enfrentando por
conseguir la supremacía de su fe por encima de las demás: El
Catolicismo y el Protestantismo. Aunque, bajo mi punto de vista, no
son más que dos ideologías creadas a partir de ideas superfluas y
metafísicas en busca de una utopía más que imposible en estos
tiempos que corren, la sociedad perfecta y espiritual.
1
Vizuete Mendoza, J. Carlos, La Iglesia en la Edad Moderna, Madrid,
2000, p 87.
2
Egido López, Teófanes, Las Reformas Protestantes, Madrid, 1992, p
25.
3
Llamado así desde finales del siglo XV, según nos expone Heribert
Smolinski en Historia de la Iglesia Moderna, Barcelona, 1995, p 26.
4
Íbidem, p 27.
5
Lutz, Heinrich, Reforma y Contrarreforma, Madrid, 1994, p. 51.
6
Smolinski, Heribert, Historia de la Iglesia Moderna, Barcelona,
1995, p 12.
7
Küng, Hans, La Iglesia Católica, Barcelona, 2003, p 162.
8
Egido López, Teófanes, Las Reformas Protestantes, Madrid, 1992, p
40.
9
Martín, Lutero, Escritos políticos, Madrid, 2001, p 14.
10
Vizuete Mendoza, J. Carlos, La Iglesia en la Edad Moderna, Madrid,
2000, p 88.
11
Egido López, Teófanes, Las Reformas Protestantes, Madrid, 1992, p
40.
12
Vizuete Mendoza, J. Carlos, La Iglesia en la Edad Moderna, Madrid,
2000, p 88.
13
Egido López, Teófanes, Las Reformas Protestantes, Madrid, 1992, p
41.
14
Küng, Hans, La Iglesia Católica, Barcelona, 2003, p 162.
15
Íbidem, p 163.
16
García de Cortázar, José Ángel, Cristianismo marginado, Madrid,
1999, p 47.
17
Orlandis, José; Historia de la Iglesia, Tomo 1, La Iglesia Antigua
y Medieval; Madrid, 1998, p 412.
18
Íbidem, p 413.
19
Íbidem, p 413.
20
E. Delaruelle, P. Ourliac, E.R. Labande, La crisis conciliar, Tomo
XVI de la Historia de la Iglesia, de Fliche-Martín, Valencia, 1967,
p. 401.
21
Orlandis, José; Historia de la Iglesia, Tomo 1, La Iglesia Antigua
y Medieval, Madrid, 1998, p 414.
22
Íbidem, p 415.
23
Mitre, Emilio; Granada, Cristina; Las grandes herejías de la Europa
Cristiana, Madrid, 1999, p 224.
24
Íbidem, p 224.
25
Íbidem, p 225.
26
Íbidem, p 225.
27
Íbidem, p 226.
28
Esta idea se repetirá en el lema más famoso del Protestantismo con
Lutero: “el justo se salvará por la fe”.
29
Mitre, Emilio; Granada, Cristina; Las grandes herejías de la Europa
Cristiana, Madrid, 1999, p 227.
30
Íbidem, p 228.
31
Íbidem, p 229.
32
Ibidem, p 229.
33
Íbidem, p 230.
34
Íbidem, p 231.
35
Íbidem, p 231.
36
Cohn, Norman, En pos del milenio, Madrid, 1997, p 201.
37
Íbidem, p 202.
38
Íbidem p205.
39
Íbidem, p 205.
40
Íbidem, p 206.
41
Íbidem, p 206.
42
En 1360 un reformador llamado Juan Milic de Kromeriz tenía una
enorme importancia en Praga. Estaba muy preocupado con el
Anticristo, al que primero consideraba como si fuese un individuo,
pero que más tarde identificó con la corrupción que existía
dentro de la Iglesia. Su discípulo, Mateo de Janov, actuó hacia
1390. También él estaba preocupado por la idea del Anticristo,
interpretado metafóricamente como todos aquellos que ponían el
amor propio y del mundo por encima del amor de Cristo. Para ello era
necesaria la comunión diaria y los mandamientos enunciados en la
Biblia. Dato extraído de “En pos del milenio” de Norman Cohn.
43
Mitre, Emilio; Granada, Cristina; Las grandes herejías de la Europa
cristiana, Madrid, 1999, p 257.
44
Íbidem, p 257.
46
Íbidem, p 260.
47
Íbidem, p 262.
48
Cohn, Norman, En pos del milenio, Madrid, 1997, p 206.
49
Mitre, Emilio; Granada, Cristina; Las grandes herejías de la Europa
cristiana, Madrid, 1999, p 270.
50
Cohn, Norman, En pos del milenio, Madrid, 1997, p 207.
51
García de Cortázar, José Ángel, Cristianismo marginado, Madrid,
1999, p 105.
52
Íbidem, p 106.
53
Íbidem, p 107.
54
Mitre, Emilio; Granada, Cristina; Las grandes herejías de la Europa
Cristiana, Madrid, 1999, p 275.
55
Íbidem, p 277.
56
Íbidem, p 277.
57
Íbidem, p 277.
58
Macek, J., La revolución husita, Madrid, 1976, p. 265.
59
Egido López, Teófanes, Las claves de la Reforma y la
Contrarreforma, Barcelona, 1991,12
60
Íbidem, p 36.
61
Elton, G.R., La Europa de la Reforma, Madrid, 1974, p 2-3.
62
Íbidem, p 3.
63
Touraine Alain, Crítica a la Modernidad, Madrid, 1993, p 44.
64
Lutero, Martín, Escritos Políticos, Madrid, 2001, p 4.
65
Íbidem, p 4.
66
Íbidem, p 4.
67
Íbidem, p 5.
68
Smolinski, Heribert, Historia de la Iglesia Moderna, Barcelona,
1995, p 18.
69Lutero,
Martín, Escritos Políticos, Madrid, 2001 p 5.
70
Íbidem, p 7.
71
Íbidem, p 7-8.
72
Íbidem, 8.
73Egido
López, Teófanes, Las Reformas Protestantes, Madrid, 1992, p 61.
74
Lutero, Martín, Escritos Políticos, Madrid, 2001, p 9.
75Egido
López, Teófanes, Las Reformas Protestantes, Madrid, 1992, p 62
76
Lutero, Martín, Escritos políticos, Madrid, 2001, p 10.
77
Íbidem, p 10.
78
Íbidem, p 10.
79.Íbidem,
p 10.
80
Ibidem, p 11.
81
Íbidem, p 11.
82
Íbidem, p 12.
83
Íbidem, p 12.
84
Küng, Hans, La Iglesia Católica, Barcelona, 2003, p 169.
85
Cohn Norman, En pos del milenio, Madrid, 1997, p 251.
86
Íbidem, p 252.
87
Íbidem, p 252.
88
Egido López, Teófanes, Las claves de la Reforma y la
Contrarreforma, Barcelona, 1991, p 63.
89
Weber, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo,
Madrid, 2001, p 46.
90
Íbidem, p 72.
91
Álvarez Caperochipi, José Antonio; Reforma Protestante y Estado
Moderno, Madrid, 1986, p 161.
92
Íbidem, p 162.
93
Erasmus, Desiderius, Elogio de la locura, Madrid, 1999, p 13. Idea
expuesta en la introducción de esta edición.
94
Íbidem, p 13-14. Idea expuesta en la introducción de esta edición.
95
Álvarez Caperochipi, José Antonio; Reforma Protestante y Estado
Moderno, Madrid, 1986, p 33.
96
Íbidem, p 33.
97
Íbidem, p 33.
98
Íbidem, p 34.
99
Atkinson, Lutero y el nacimiento del Protestantismo, Madrid, 1980, p
51.
100Álvarez
Caperochipi, Reforma Protestante y Estado Moderno, Madrid, 1986, p
72.
101
Íbidem, p 158.
102
Nietzsche, Friedrich Wilhelm, El Anticristo, Madrid, 2001.
103
Egido López, Teófanes, Las claves de la Reforma y la
Contrarreforma, Barcelona, 1991, p 84.
104
Íbidem, pp 84, 85.
105
Vizuete Mendoza, J. Carlos, La Iglesia en la Edad Moderna,
Barcelona, 1995, p 96.
106
Íbidem, p 96.
107
Smolinski, Heribert, Historia de la Iglesia Moderna, Barcelona,
1995, p57.
108
Vizuete Mendoza, J. Carlos, La Iglesia en la Edad Moderna,
Barcelona, 1995, p 97.
109
Smolinski, Heribert, Historia de la Iglesia Moderna, Barcelona,
1995, p 58.
110
Íbidem, pp 58, 59.
111
Íbidem, p 59.
112
Ibidem, p 59.
113
Íbidem, p 59.
114
Íbidem, p 59.
115
Egido López, Teófanes, Las Reformas Protestantes, Madrid, 1992, p
41.
116
Smolinski, Heribert, Historia de la Iglesia Moderna, Barcelona,
1995, p 60.
117Egido
López, Teófanes, Las Reformas Protestantes, Madrid, 1992, p 24.
118
Smolinski, Heribert, Historia de la Iglesia Moderna, Barcelona,
1995, p 89.
119
Vizuete Mendoza, J. Carlos, La Iglesia en la Edad Moderna, Madrid,
2000, p 103.
120
Íbidem, p 103.
121
Íbidem, p 103.
122
Íbidem, p 103.
123
Elton, G.R., La Europa de la Reforma 1517-1559, Madrid, 1974, p 67.
124
Íbidem, p 67.
125
Íbidem, p 67.
126
Egido López, Teófanes, Las claves de la Reforma y la
Contrarreforma, Barcelona, 1991, p 49.
127
Íbidem, p 49.
128
Íbidem, p 50.
129
Íbidem, p 51.
130
Íbidem, p 53.
131
Blázquez Martín, Diego, Herejía y Traición: Las doctrinas de la
persecución religiosa en el siglo XVI, en: Cuadernos Bartolomé de
las Casas, nº 18, Madrid, 2001, p 83.
132
Íbidem, p 89.
133
Küng, Hans, La Iglesia Católica, Barcelona, 2003, p 173.
134
Egido López, Teófanes, Las claves de la Reforma y la
Contrarreforma, Barcelona, 1991, p 55.
135
Íbidem, p 55.
136
Íbidem, p 59.
137
Íbidem, p 59.
138
Íbidem, p 59.
139
Íbidem, p 61.
140
Max Weber así lo cree en su obra La ética protestante y el
espíritu del capitalismo.
141
Egido López, Teófanes, Las claves de la Reforma y la
Contrarreforma, Barcelona, 1991, p 63.
142
Íbidem, p 63.
143
Íbidem, p 63.
144
Éxodo, 20:4, 20:5.
145
Elton, G. R., La Europa de la Reforma, Madrid, 1974, p 3.
146
El concepto de “el mundo” está considerado en las comunidades
cristianas como el pecado. Según estas comunidades la sociedad
laica y liberal es perjudicial para el mundo de Dios.
147
Egido López, Teófanes, Las claves de la Reforma y la
Contrarreforma, Barcelona, 1991, p 63.
148
Íbidem, p 63.

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