jueves, 31 de octubre de 2013

Entrevista en Sevilla Directo: La Sevilla del 29 escuchada a través de ‘El gramófono de Heringer’

Foto definitiva Laura

Nuestra protagonista de hoy nació en el barrio de Palmete hace treinta años, y aunque actualmente reside en Castilblanco de los Arroyos, confiesa ser una apasionada de Sevilla y su Historia hasta el punto de convertirse en el escenario de su primera novela. En esta entrevista, Laura Tinajero nos cuenta todos los detalles de ‘El gramófono de Heringer’, disponible gratuitamente en su blog.

Sevilla Directo: Buenas tardes Laura, ¿cuándo nace tu pasión por escribir?

Laura Tinajero: Me gusta la escritura desde pequeña, comencé redactando cuentos y pequeños relatos. Recuerdo que en el colegio, los profesores le decían a mi madre “esta niña va a ser escritora” (risas). En 2001 empecé a escribir los primeros artículos.

SD: ¿Qué podemos encontrar entre las páginas de ‘El gramófono de Heringer?

L.T.: La novela, basada en hechos reales, cuenta la historia de una joven sevillana que padece un trastorno maniaco-obsesivo y acude, obligada por su marido, al Doctor Heringer, un neurólogo psicoanalista alemán recién llegado a la ciudad a finales de los años 20. Con una estructura basada en los escritos de Freud, nos adentramos en los secretos de una mujer que se empeñaba en nadar a contracorriente y no dejar de vivir a su manera, contraria a todo lo establecido.

SD: Háblanos un poco del contexto donde se desarrolla la historia.

L.T.: Está basada en un momento (1929) en el que Sevilla se abre al mundo con una exposición temática sobre Iberoamérica y algunas colonias y protectorados como el de Marruecos; que no sólo fue un escenario donde cada país puso de relieve su cultura en cada uno de los pabellones expuestos, sino también una oportunidad única para que la ciudad saliera de sus murallas, ya psicológicas, para conquistar nuevos espacios como los barrios que nacen a principios del siglo XX en torno a los sectores industriales y los que se inauguran como lugar de descanso para los visitantes de la Exposición Iberoamericana de 1929, donde la Ciudad Jardín de la Esperanza y la Gran Plaza tienen un protagonismo esencial en la novela.

Portada libro Laura Tinajero 

SD: ¿Qué nos puedes contar sobre los personajes de esta novela?

L.T.: Todos ellos son reales, existieron, no en la misma fecha pero sí en forma. Los protagonistas son Claudia, la chica bipolar, y el Doctor Heringer que conversan durante las sesiones.

SD: ¿Cuáles son los lugares de Sevilla que aparecen en ella?

L.T.: Aparecen muchas zonas de la ciudad, pero los nuevos barrios tienen especial protagonismo en mi novela. Ciudad Jardín, el Cerro del Águila, San Jerónimo (donde por aquel entonces había solo dos calles), Miraflores, San Bernardo. También hay momentos donde se retrata la Sevilla clásica, la del Centro; con los comercios de la época, los cafés, los teatros, los tablaos flamencos, los toros y las ventas como la de Los Gatos y la de Eritaña… Y cómo no: la vida de los corrales de vecinos, la Feria y la Semana Santa. Además, parte de la provincia de Sevilla con los municipios de Castilblanco de los Arroyos y Villanueva del Río y Minas, ambos de gran importancia en mi biografía.

SD: ¿Es muy diferente la Sevilla actual a la que aparece en tu libro?

L.T.: A nivel de infraestructuras, por supuesto, pero creo que la mentalidad y la esencia sigue siendo la misma que en el 29. La manera de vivir, la cultura, las tradiciones, e incluso las clases sociales, es algo que me sorprende mucho.

SD: ¿Crees que Sevilla brinda el suficiente apoyo a sus jóvenes talentos?

L.T.: Pienso que en esta ciudad hay recursos aprovechables, aún quedan muchas asociaciones que defienden el patrimonio de sus barrios. Yo me he sentido muy apoyada por mi barrio, Palmete.

SD: ¿Cuál ha sido la reacción de los primeros lectores?

L.T.: Está gustando mucho, me dicen que engancha y que cuando acaba se quedan con ganas de más. Casi todos me preguntan que qué ha pasado con la protagonista porque la novela acaba con un final abierto.

SD: ¿Habrá una segunda parte? ¿Qué nos puedes adelantar?

L.T.: Sí, la habrá. Ya tengo escrito el planteamiento y la estructura. Al contrario que la primera parte, esta será ficticia. Puedo adelantar que la protagonista se encuentra en la cárcel, en Alcalá de Henares, para saber más habrá que esperar (risas).

SD: Estaremos atentos a la publicación de esa segunda parte. Muchas gracias por compartir los detalles de tu libro con nosotros. Mucha suerte, Laura.

L.T.: Gracias a vosotros, ha sido un placer, ¡Hasta pronto!


http://www.sevilladirecto.com/la-sevilla-del-29-escuchada-a-traves-de-el-gramofono-de-heringer/

jueves, 3 de octubre de 2013

Érase una vez un órgano olvidado



Volando hacia Las Palmas de Gran Canaria iba cuando, leyendo una de estas revistas de curiosidades científicas, me encontré con un aparatito llamado vibrador y no dudé en investigar su origen. Su historia os la cuento aquí y no pude resistirme a incluir de forma indirecta algo sobre ella en mi novela:




Fueron los médicos terapeutas que trataban a las mujeres con trastornos nerviosos, los que descubrieron en su consulta que el secreto de la cura para ese mal tan expandido entre la población burguesa femenina del siglo XVIII, y que fue llamado por los antiguos griegos histeria (la enfermedad del histero, del útero), no estaba en su psique sino entre sus piernas.

Antiguamente, incluso hoy día, se pensaba que o bien las mujeres no sentían orgasmos como los hombres o bien si llegaban a sentirlos era con el simple acto de la cópula; se presuponía que en la vagina residía su centro de placer sin prestar ni la más mínima atención a uno de los órganos más pequeños del cuerpo femenino pero también de los que más terminaciones nerviosas contiene: el clítoris.

En las consultas de medicina y en algunas clínicas de higiene, acostumbraban a realizar lavajes vaginales y demás prácticas directas sobre el aparato reproductor femenino para “aliviar” a las mujeres que sufrían del mal de histeria; pero aún así, esas prácticas no terminaban por dar buenos frutos hasta que esos doctores intentaron accionar las partes bajas de las señoras con sus propias manos a modo de masaje, consiguiendo así el ansiado paroxismo histérico (orgasmo).


Era una práctica bastante tediosa para el terapeuta y que en muchos de los casos ese “final feliz” llegaba tarde o no llegaba, lo que causaba más angustia aún en la paciente además de los dolores musculares en manos y brazos que sufría el médico debido a la curiosa práctica.




Pero no fue hasta 1880 cuando el doctor británico Joseph Mortimer Granville inventó el primer vibrador de la historia que usaba en consulta y que le facilitaba bastante el trabajo con sus pacientes, además de ser un gran éxito debido a la alta eficacia del novedoso aparato en conseguir orgasmos rápidamente e incluso, en ocasiones, múltiples.


Distribuyéndose el novedoso aparato en balnearios de lujo en Europa y Estados Unidos, no fue hasta 1902 cuando empezó a comercializarse como un electrodoméstico más; incluso llegó antes al mercado que la plancha y el aspirador eléctrico. Fue un objeto femenino más en los hogares de clase media hasta los años 50, cuando la histeria se eliminó del catálogo de enfermedades mentales y poco a poco se iba estigmatizando su uso por aparecer en películas pornográficas.


Hasta ese momento, era un aparato diseñado para la estimulación del clítoris y no exclusivamente de la vagina, como los modelos que empezaron a comercializarse a partir de los años 70 y que hoy día siguen en circulación con los nuevas formas de negocio encontradas por los sex-shops como las famosas reuniones de la “maletita roja”.

En "El gramófono de Heringer":

"¿No ha leído lo que se dice de los médicos como usted?

Pues no. ¿Qué se dice?

De los médicos que tratan a mujeres echadas en un sillón de estos, en el extranjero...

Dígame qué se dice...

Es que me da hasta vergüenza... En Alemania y esos sitios hay muchos médicos como usted, ¿no? Pues se dice que las mujeres que están locas y no quieren los maridos meterlas en los manicomios, las llevan a las consultas para que el doctor con un aparato le quite la locura.

¿Y qué aparato es ese? ¿Uno como el que tenemos aquí para grabar las sesiones?

No, no, otro diferente para que la mujer grite y se quede tranquila.

Ya entiendo, me está hablando de las pacientes con histeria. No es exactamente lo mismo que tiene usted. Y sí, se usa un aparato para provocar el paroxismo histérico, pero no estoy de acuerdo con su uso, es obsceno y por otra parte a usted no le hace falta dicho tratamiento. Además ese tratamiento no se da en Alemania, sino en Inglaterra, o al menos se daba hace muchos años..."


Os recomiendo la película Hysteria, británica y muy entretenida, completa en youtube.


Licencia Creative Commons
Érase una vez un órgano olvidado por Laura Tinajero Márquez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en http://lahumanistica.blogspot.com.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Entre la lepra y la sangre, el primer barrio de chabolas de Sevilla: El Barresuelo



Desde pequeña siempre me llamó la atención una iglesia, así le llamaba yo, de camino a la antigua carretera de La Algaba. Algo había escuchado sobre Santa María La Blanca, y yo, en mis elucubraciones infantiles, pensaba que aquello que se veía desde la carretera era la antigua sinagoga... Pero no, era el hospital más antiguo de Sevilla, el de San Lázaro, construido por los tiempos del Rey Sabio, Alfonso X. Tan antiguo que sólo pasar por delante de él ya dan escalofríos, y mucho más, si nos adentramos y pasamos por el muy restaurado patio central. Desde San Lázaro hasta el posterior Hospital de las Cinco Llagas, llamado popularmente De la Sangre, la gente que no tenía casa propia intramuros o ajena, lo mismo da; se agolpaba en aquello que se llamaba Barresuelo y que hoy sería todas esas nuevas construcciones de los años 60-70 en torno al Hospital Macarena.





En "El gramófono de Heringer" hago mención a esa zona norte extramuros:

"Otra cosa que nos gustaba mucho era ir a casa de mi abuela Rosa, en la Plaza de San Gil, porque podíamos hacer lo que nos diera la real gana, no se enfadaba por manchar nada, le daba igual que nos fuéramos a jugar con las demás niñas por fuera de la muralla desde medio día hasta por la noche... Un día nos perdimos por el Barresuelo casi llegando a San Jerónimo y no dábamos con el camino de vuelta, pero una mujer nos llevo hasta el Arca del Cajón  donde ya nos encontramos con mi abuela que nos estaba buscando por la Resolana como las locas."



Y si tuviéramos que citar un lugar que, a lo largo del tiempo, ha estado ahí viendo cómo el Barrio de la Macarena salía de sus murallas y conquistaba nuevos espacios, es el famoso Bar Plata; que ya antes del siglo XX era un kiosko, un lugar de paso, cuando ese Barresuelo existía como tal y no había más edificiaciones salvo el Hospital de las Cinco Llagas. Como establecimiento formal, ya a principios del siglo XX podríamos encontrarlo casi como lo vemos hoy día.


También en "El gramófono de Heringer" se habla sobre este antiguo bar:

"Un jueves fui con mi amiga Amapola a la calle Feria, a dar un paseo, y también a la Plaza de San Juan de la Palma para ver qué vendían, nos gustaba mucho fijarnos en las antigüedades, los libros... Y ya saliendo del barullo de gente, me encontré con la mujer de mi tío Nicolás, Clara, que me agarró del brazo de muy malas maneras y me dijo chillando que se habían encontrado a mi abuelo muerto por la Carrera de San Jerónimo. No sabe usted cómo me puse, por mi abuelo y por las maneras en las que me dio la noticia la tiparraca... Total, que fui corriendo a casa de mis padres, les di la noticia como pude, fuimos en busca de mi hermana que estaba en el Bar Plata trabajando por aquel entonces... y con el carro de unos vecinos llegamos a donde estaban los guardias y un montón de gente alrededor: allí estaba mi abuelo detrás de unas ruinas de una casa vieja. Yo no quise acercarme a verlo ni mi hermana tampoco, no fuimos capaces... Estaba también mi tío Nicolás con su mujer que llegó antes que nosotros, unos vecinos de mis abuelos y gente que se paró a ver qué pasaba. La Paca, la vecina de mis abuelos, se vino para nosotras y nos dijo que recogiéramos a mi abuela de la casa y que la lleváramos a la suya para que nadie se acercara a darle la noticia."