Volando hacia Las Palmas de Gran Canaria iba cuando, leyendo una de estas revistas de curiosidades científicas, me encontré con un aparatito llamado vibrador y no dudé en investigar su origen. Su historia os la cuento aquí y no pude resistirme a incluir de forma indirecta algo sobre ella en mi novela:
Fueron los médicos terapeutas que trataban a las mujeres con trastornos nerviosos, los que descubrieron en su consulta que el secreto de la cura para ese mal tan expandido entre la población burguesa femenina del siglo XVIII, y que fue llamado por los antiguos griegos histeria (la enfermedad del histero, del útero), no estaba en su psique sino entre sus piernas.
Antiguamente,
incluso hoy día, se pensaba que o bien las mujeres no sentían
orgasmos como los hombres o bien si llegaban a sentirlos era con el
simple acto de la cópula; se presuponía que en la vagina residía
su centro de placer sin prestar ni la más mínima atención a uno de
los órganos más pequeños del cuerpo femenino pero también de los que
más terminaciones nerviosas contiene: el clítoris.
En las consultas de medicina y en algunas clínicas de higiene, acostumbraban a realizar lavajes vaginales y demás prácticas directas sobre el aparato reproductor femenino para “aliviar” a las mujeres que sufrían del mal de histeria; pero aún así, esas prácticas no terminaban por dar buenos frutos hasta que esos doctores intentaron accionar las partes bajas de las señoras con sus propias manos a modo de masaje, consiguiendo así el ansiado paroxismo histérico (orgasmo).
En las consultas de medicina y en algunas clínicas de higiene, acostumbraban a realizar lavajes vaginales y demás prácticas directas sobre el aparato reproductor femenino para “aliviar” a las mujeres que sufrían del mal de histeria; pero aún así, esas prácticas no terminaban por dar buenos frutos hasta que esos doctores intentaron accionar las partes bajas de las señoras con sus propias manos a modo de masaje, consiguiendo así el ansiado paroxismo histérico (orgasmo).
Era una
práctica bastante tediosa para el terapeuta y que en muchos de los
casos ese “final feliz” llegaba tarde o no llegaba, lo que
causaba más angustia aún en la paciente además de los dolores
musculares en manos y brazos que sufría el médico debido a la
curiosa práctica.
Pero no
fue hasta 1880 cuando el doctor británico Joseph Mortimer Granville
inventó el primer vibrador de la historia que usaba en consulta y
que le facilitaba bastante el trabajo con sus pacientes, además de
ser un gran éxito debido a la alta eficacia del novedoso aparato en
conseguir orgasmos rápidamente e incluso, en ocasiones, múltiples.
Distribuyéndose
el novedoso aparato en balnearios de lujo en Europa y Estados Unidos,
no fue hasta 1902 cuando empezó a comercializarse como un
electrodoméstico más; incluso llegó antes al mercado que la
plancha y el aspirador eléctrico. Fue un objeto femenino más en los
hogares de clase media hasta los años 50, cuando la histeria se
eliminó del catálogo de enfermedades mentales y poco a poco se iba
estigmatizando su uso por aparecer en películas pornográficas.
Hasta ese
momento, era un aparato diseñado para la estimulación del clítoris
y no exclusivamente de la vagina, como los modelos que empezaron a
comercializarse a partir de los años 70 y que hoy día siguen en
circulación con los nuevas formas de negocio encontradas por los
sex-shops como las famosas reuniones de la “maletita roja”.
En "El gramófono de Heringer":
"¿No ha leído lo que se dice de los médicos como usted?
Pues no. ¿Qué se dice?
De los médicos que tratan a mujeres echadas en un sillón de estos, en el extranjero...
Dígame qué se dice...
Es que me da hasta vergüenza... En Alemania y esos sitios hay muchos médicos como usted, ¿no? Pues se dice que las mujeres que están locas y no quieren los maridos meterlas en los manicomios, las llevan a las consultas para que el doctor con un aparato le quite la locura.
¿Y qué aparato es ese? ¿Uno como el que tenemos aquí para grabar las sesiones?
No, no, otro diferente para que la mujer grite y se quede tranquila.
Ya entiendo, me está hablando de las pacientes con histeria. No es exactamente lo mismo que tiene usted. Y sí, se usa un aparato para provocar el paroxismo histérico, pero no estoy de acuerdo con su uso, es obsceno y por otra parte a usted no le hace falta dicho tratamiento. Además ese tratamiento no se da en Alemania, sino en Inglaterra, o al menos se daba hace muchos años..."
"¿No ha leído lo que se dice de los médicos como usted?
Pues no. ¿Qué se dice?
De los médicos que tratan a mujeres echadas en un sillón de estos, en el extranjero...
Dígame qué se dice...
Es que me da hasta vergüenza... En Alemania y esos sitios hay muchos médicos como usted, ¿no? Pues se dice que las mujeres que están locas y no quieren los maridos meterlas en los manicomios, las llevan a las consultas para que el doctor con un aparato le quite la locura.
¿Y qué aparato es ese? ¿Uno como el que tenemos aquí para grabar las sesiones?
No, no, otro diferente para que la mujer grite y se quede tranquila.
Ya entiendo, me está hablando de las pacientes con histeria. No es exactamente lo mismo que tiene usted. Y sí, se usa un aparato para provocar el paroxismo histérico, pero no estoy de acuerdo con su uso, es obsceno y por otra parte a usted no le hace falta dicho tratamiento. Además ese tratamiento no se da en Alemania, sino en Inglaterra, o al menos se daba hace muchos años..."
Os recomiendo la película Hysteria, británica y muy entretenida, completa en youtube.

Érase una vez un órgano olvidado por Laura Tinajero Márquez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en http://lahumanistica.blogspot.com.





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