¿Es
el actual Estado de Israel la Tierra Prometida por Dios a Abraham?
Para
analizar esta primera cuestión vamos a contar con fuentes tan
significativas en este tipo de análisis como los textos sagrados: en
este caso La Torá y El Corán; ambos textos son traducciones hechas
al castellano, por tanto es necesario hacer un análisis exhaustivo
de la forma y el fondo de cada uno de los pasajes seleccionados para
este estudio. Además contaremos con datos arqueológicos recogidos
en varios manuales y monografías sobre Historia Antigua de Oriente
Medio.
Comenzaremos
a explicar el asentamiento de estas tribus en el siglo XIX a. C.
aproximadamente en la Tierra de Canaán y su evolución. Pero no
vamos a explicar detalladamente los acontecimientos históricos unos
detrás de otros, ya que lo significativo en este caso es aclarar por
qué los descendientes de Abraham eran los “elegidos” por Dios o
por qué decidieron estos descendientes asentar sus campamentos en
Palestina.
En
primer lugar hablaremos del concepto de Tierra Prometida y qué
inquietudes pudo experimentar el Abraham originario de la
mesopotámica ciudad de Ur para comenzar su peregrinar hacia Tierra
Santa en el siglo XIX a. C. aproximadamente. Si nos acercamos al
Génesis bíblico vemos como aparece ya la primera promesa del
posterior pacto entre Yahveh y Abrán (que luego pasará a llamarse
Abraham cuando se formalice el pacto): “A tu
descendencia voy a dar esta tierra”1.
Estando asentado ya Abraham en la Tierra de Canaán, Yahveh intercede
de esta forma: “Alza tus ojos, por favor, y mira desde
el lugar donde estás, hacia el norte y hacia el sur y hacia el este
y hacia el oeste. Porque toda la tierra que estás mirando, a ti y a
tu descendencia la voy a dar hasta tiempo indefinido”2.
Pero, ¿por qué Abraham cambió su lugar de asentamiento en el
momento en que Ur era una de las ciudades más importantes de
Mesopotamia? Salió de la ciudad donde ya se había escrito en ese
siglo el famoso Código de Hammurabi (1.700 a. C) y donde
curiosamente se hacía uso de la Ley del Talión3.
¿Quizás un asentamiento urbano con pocas expectativas de futuro
para un pastor? ¿Quizás tuvo que salir en busca de nuevas tierras
de pastos? Pero finalmente lo cierto es que Yahveh le prometió a
Abraham una de las zonas más fértiles que existía en estos
momentos en la Península Arábica: “A tu descendencia
ciertamente daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran
río, el río Eúfrates”4.
Cuando Abraham sale de su ciudad natal, Ur, se asienta en Siquem,
una ciudad que hoy se conoce con el nombre de Naplusa5.
¿Y
por qué Israel? Yahveh le dio este nombre al “Pueblo Elegido”
por el mismo Jacob, hijo de Isaac, a quién le cambió su nombre por
el de Israel. Una curiosidad casi sin aparente importancia en un
principio, pero que tiene mucho significado en las disputas
religiosas entre judíos y musulmanes. En sentido estricto el primer
profeta judío sería Jacob por darle el nombre al Pueblo de Israel;
sin embargo, siempre se ha entendido como primer profeta de la
historia (y también de la historia judía) a Abraham. Pero si nos
acercamos al Corán vemos como los musulmanes lo reclaman como suyo;
aunque no sólo a Abraham: “Decid: Creemos en Dios y en lo
que nos ha revelado, en lo que se reveló a Abraham, Ismael, Isaac,
Jacob y las tribus, en lo que Moisés y Jesús y los profetas
recibieron de su Señor. No hacemos distinción entre ninguno de
ellos y nos sometemos a Él”6.
En esta misma edición coránica de Julio Cortés se hacen
anotaciones como ¿Cuándo comenzó el judaísmo?: el judaísmo
comenzó con los Patriarcas y con los Profetas. Nació en el siglo V
a. C., al regreso del exilio de Babilonia, con la promulgación de la
Ley de Moisés en Jerusalén7.
En esta edición se hace mención a Abraham como primer hanif
o primer musulmán: “Abraham no fue judío ni cristiano, sino
que fue hanif, sometido a Dios, no asociador.”8
En cualquier caso, son curiosas las divergencias existentes entre
dos religiones que son originarias de un tronco común…El Pacto
entre Abraham y Dios.
Este
mismo hecho hace crecer el odio entre judíos y musulmanes, no sólo
por las divergencias textuales de La Torá, sino por las disputas en
relación al territorio: del mismo modo tanto judíos como musulmanes
son el “Pueblo Elegido” si ambos se sienten descendientes de
Abraham, diseñador de la Caaba o Casa donde se encontraba la Piedra
Negra que hoy está en el centro de la Gran Mezquita de La Meca9.
Aunque, desde mi punto de vista, el “Pueblo Elegido” debía ser
el Pueblo de Israel; ya que por aquel entonces no existía el Islam
(aunque ya se hable en El Corán de una comunidad de creyentes o Umma
creada por Abraham)10.
Otro
punto muy importante y sorprendente es el concepto de Jihad. Este
concepto ya se contenía en La Torá pero entendido como Guerra
Obligatoria para que el Pueblo de Israel tomase posesión de Tierra
Prometida: lo más impactante de todo esto es que Yahveh es el que
“obliga” a utilizar la fuerza para que los descendientes de
Abraham hiciesen uso del territorio prometido a sus ancestros: “Están
cruzando el Jordán a la Tierra de Canaán. Y tienen que expulsar a
todos los habitantes de la tierra de delante de ustedes y destruir
todas sus figuras de piedra, y todas sus imágenes de metal fundido
las deben destruir, y todos los lugares altos sagrados los deben
aniquilar. Y tienen que tomar posesión de la tierra y morar en ella,
porque a ustedes ciertamente daré la tierra para que tomen posesión
de ella. Sin embargo, si no expulsan a los habitantes de la tierra de
delante de ustedes, entonces los que dejen de ellos ciertamente
llegarán a ser como púas en sus ojos y como espinas en sus
costados, y verdaderamente los hostigarán en la tierra que estarán
morando. Y tiene que ocurrir que tal como había calculado hacerles a
ellos les haré a ustedes”11.
En definitiva, ¿es esto Guerra Santa? Está claro que el concepto de
Jihad no fue inventado por Mahoma o revelado por Alá a Mahoma; como
nos han hecho ver los medios de comunicación. Si nos acercamos al
Corán vemos que la única referencia que se hace a la violencia
contra los infieles es está: “Combatid por Dios
contra quienes combatan contra vosotros, pero no os excedáis. Dios
no ama a los que se exceden. Matadles donde deis con ellos, y
expulsadles de donde os hayan expulsado. Tentar es más grave que
matar”12. “En esto sabrán que un Dios vivo está
en medio de ustedes, y que sin falta expulsará de delante de ustedes
a los cananeos y a los hititas y a los heveos y a los perezeos y a
los gergeseos y a los amorreos y a los jebuseos”13
(palabras de Josué al Pueblo de Israel). Sin embargo falta un
pueblo importante y en constante disputa con el Pueblo de Israel: los
habitantes de Filistea cuya capital era Gaza. Sansón tuvo relaciones
con la filistea Dalila (por aquel entonces los filisteos gobernaban
sobre el Pueblo de Israel)14
y el mismo Goliat era filisteo15.
Si nos acercamos a los mapas de los que disponemos, vemos como
Filistea nunca fue territorio judío propiamente dicho.
Posteriormente si cayó bajo dominio romano siendo Siria-Palestina.
Incluso llegamos a leer en el libro de Jeremías que Dios
"justifica" la destrucción de Gaza y de los filisteos16
en estas constantes guerras entre el Pueblo de Israel y sus vecinos.
Uno
de los hitos históricos, quizá el primero para la historia de
Israel, es la deportación de los descendientes del Rey David a la
Babilonia de Nabucodonosor17.
De ahí el continuo deseo histórico de la vuelta a Sión, Ciudad del
Rey David18
y la creación del Movimiento Sionista en pleno siglo XIX por el
ideólogo judío Theodor Herzl; que cobró una mayor importancia
después del exterminio nazi.
Pero,
¿existe un conjunto judío coherente que haya atravesado la
Historia? ¿Hay relación entre los judíos del Reino de Salomón en
el siglo X a. C., los de Palestina en tiempos del Imperio Romano, los
de los guetos alemanes y los del Estado israelí actual? Los judíos
no han estado unidos ni por el territorio ni por la lengua ni por la
historia ni por las costumbres: los judíos han ido abrazando los
hábitos locales19
(como los sefardíes de Al-Andalus que incluso hablaban una lengua
distinta que procedía del romance, el ladino).
Desde
el punto de vista científico, los datos ofrecidos por La Biblia son
bastante escasos. Entonces tenemos que contar con documentos
extrabíblicos (documentos egipcios, por ejemplo) y datos
arqueológicos20.
Según el arqueólogo judío Israel Finkelestein “los hebreos nunca
estuvieron en Egipto, no erraron por el desierto, no conquistaron
Tierra Prometida. Los Reinos de David y de Salomón descritos en La
Biblia como potencias regionales no eran más que pequeños reinos
tribales”21.
Pero quizás es llegar demasiado lejos, porque es sabido del gran
templo edificado durante el reinado de Salomón en Jerusalén, de lo
que hoy nos queda el famoso Muro de las Lamentaciones. Si fuesen
pequeños reinos, no existiría una descripción tan detallada de su
construcción en La Biblia y en otros muchos manuales sobre
arquitectura. Además el conjunto de Templo y Palacio Real está
considerado como una de las obras más importantes de Oriente Medio,
junto con el gran Palacio de Babilonia.
Lo
que sí es cierto es que Israel (ya fuese un pequeña o gran nación)
comienza en el mundo nómada del desierto y en el mundo cultural (los
hebreos tomaron de este lugar la religión, costumbres e incluso
idioma) de las ciudades-estado cananeas diseminadas por las zonas
costeras y montañosas de Palestina. Las tribus de Israel formaban
parte del mundo cananeo, mejor conocido hoy gracias a los
descubrimientos arqueológicos de Ugarit22.
Pero
muchas veces los datos arqueológicos son difíciles de manejar, y
más cuando existe una tradición tan arraigada en nosotros como la
judeo-cristiana. Las inscripciones de los yacimientos arqueológicos
de Siria y Palestina son escasas23.
El Génesis describe a los patriarcas como pastores nómadas.
Procedían (excepto Abraham) de las regiones limítrofes de
Palestina. “Pero las referencias cronológicas en La Biblia acerca
de los patriarcas no son muy veraces. Existe una relación entre los
patriarcas y ciertos personajes que aparecen entre los siglos
XIX-XVIII a. C. en Siria y Palestina, conocidos por las fuentes
egipcias. Los nombres de ellos son muy parecidos a los de los
patriarcas bíblicos, cuya historia pertenecería a la gran
emigración aramea de los siglos XIX-XVIII a. C. Los patriarcas se
vinculan con los grupos semíticos occidentales, amorreos y
protoamorreos, y eran pastores de ganado menor en vías de
sedentarización. No serían grandes nómadas ni mercaderes
caravaneros”24.
La llegada de los antiguos antepasados a Israel hay que ponerla en
relación con el movimiento amorreo, como se desprende de la
lingüística, de la onomástica y de la sociología. Emigrantes y
pastores de ovejas de la Alta Mesopotamia fundaron, a principios del
II Milenio, varias dinastías en las ciudades del norte de Siria y de
Mesopotamia. Pertenecen al mismo tipo social que Abraham y vivían en
la misma región que el “primer profeta”. Este movimiento amorreo
afectó a todo el desierto sirio25.
Lo
que más me llama la atención de todo esto es que la arqueología y
la investigación de los textos encontrados nos hayan dado datos como
el carácter del Pueblo de Israel: en La Biblia (como hemos descrito
en uno de sus pasajes) Dios alienta a su pueblo a luchar contra todo
aquel que no sea el merecedor de la Tierra Prometida. Sin embargo,
los datos arqueológicos nos muestran que los patriarcas no fueron
conquistadores, sino que acamparon pacíficamente en las ciudades
(aunque después de morar en esta tierra tuvieran que recurrir a las
armas para defenderse de los pobladores originarios de aquel
territorio)26.
Con
respecto a la esclavitud vivida en Egipto por los israelitas tampoco
tenemos datos objetivos sobre este hecho en las crónicas egipcias.
La tradición (La Biblia) tampoco conserva ninguna noticia sobre los
siglos en los que los hebreos estuvieron en Egipto durante 430 años.
La bajada de los judíos a Egipto deberá tener algún fundamento
histórico. Quizás debió ser una penetración pacífica; pero, sin
duda, no es cierto la bajada a Egipto de los doce hijos de Jacob
(caudillos de las doce tribus), ni el Éxodo de las Doce Tribus de
Israel, que se constituyeron y federaron mucho después de forma
prolongada27.
Entonces, si el hecho más importante para la tradición judía
incluso hoy día es la Esclavitud bajo dominio egipcio y el Éxodo
durante cuarenta años por el desierto de Sinaí (que tampoco se sabe
exactamente dónde se sitúa)...
Otro
dato muy esclarecedor para el futuro del Pueblo de Israel y del
Estado actual israelí es el hecho de que “Israel nunca existió
como unidad política”28:
En la época de los Jueces las tribus se afincaron en la posesión de
los territorios y adquirieron su identidad. Se unieron debido a la
necesidad de defenderse de enemigos comunes (como los filisteos, que
se asentaban en la actual Gaza). Pero las tribus sólo se unieron en
la época del Rey David. Parece ser que nunca prevaleció en Israel una concepción
de Estado similar a la que tuvieron los cananeos. Aunque sí es
cierto que durante el reinado de Saúl los israelitas se convirtieron
en Estado nacional, pero las instituciones del nuevo Estado se
copiaron de los estados vecinos.
Pero,
en definitiva: ni Israel fue un Estado al igual que los estados de
alrededor, ni hubo una religión unitaria (ya que no todos eran
yahveístas de forma monoteísta), ni una lengua común, etc. Prueba
de ello es el Judaísmo en la Diáspora: cada grupo semita se ha
adaptado a las costumbres y cultura del país donde han estado
viviendo hasta la llegada del Sionismo en pleno siglo XIX de Nuestra
Era. Pero incluso hoy día, los judíos afincados en el mundo (que no
tienen intención de “retornar a Sión”) respetan las normas y
costumbres de los países donde habitan sin ningún tipo de problema
cultural ni religioso.
1
Génesis, 12:7.
2
Génesis, 13:14; 13: 15.
3
Brito Stelling, María Isabel; La Música en la Creciente
Fértil durante los Milenios III, II y I a.C.;
Revista Musical de la Sociedad Venezolana de
Musicología, Caracas, Nº 3, Marzo-Abril 2002;
www.musicologiavenezolana.com.
4
Génesis, 33:52.
5
Gresh, Alain; Israel. Palestina. Verdades sobre un conflicto;
Barcelona, 2002, p. 54.
6
El Corán, Sura 2, verso 136.
7
El Corán, Sura 3, p 131, nota al pie, ed. Julio
Cortés.
8
El Corán, Sura 3, verso 67.
9
EL Corán, Sura 2, verso 125.
10
El Corán, Sura 2, verso 128.
11
Números, 33:51-33:56.
12
El Corán, Sura 2, versos 190 y 191.
13
Josué, 3:10.
14
Jueces, 14.
15
Samuel, 17:4.
16
Jeremías, 47.
17
Evangelio según San Mateo.
18
Samuel II, 5:8.
19
Gresh, Alain; Israel. Palestina. Verdades sobre un conflicto;
Barcelona, 2002, p 53.
20
Blázquez, José María; Martínez-Pinna, Jorge; Presedo, Francisco;
López Melero, Raquel; Alvar, Jaime; Historia de Oriente
Antiguo, Madrid, 1992, p 347.
21
Gresh, Alain; Israel. Palestina. Verdades sobre un conflicto,
Barcelona, 2002, p 55.
22
Trebolle, Julio; La experiencia de Israel: profetismo y
utopía, Madrid, 1996, p 10.
23
Blázquez, José María; Martínez-Pinna, Jorge; Presedo, Francisco;
López Melero, Raquel; Alvar, Jaime; Historia de Oriente
Antiguo, Madrid, 1992, p 348.
24
Íbidem, p 348.
25
Íbidem, p 351.
26
Íbidem, p 361.
27
Íbidem, p 354.
28
Íbidem, 363.
29
Números, 33.
30
Génesis, 17.
31
Josué, 5:15.

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