martes, 28 de febrero de 2012

La Geografía de Israel y Palestina desde el punto de vista religioso.



¿Es el actual Estado de Israel la Tierra Prometida por Dios a Abraham?
Para analizar esta primera cuestión vamos a contar con fuentes tan significativas en este tipo de análisis como los textos sagrados: en este caso La Torá y El Corán; ambos textos son traducciones hechas al castellano, por tanto es necesario hacer un análisis exhaustivo de la forma y el fondo de cada uno de los pasajes seleccionados para este estudio. Además contaremos con datos arqueológicos recogidos en varios manuales y monografías sobre Historia Antigua de Oriente Medio.
Comenzaremos a explicar el asentamiento de estas tribus en el siglo XIX a. C. aproximadamente en la Tierra de Canaán y su evolución. Pero no vamos a explicar detalladamente los acontecimientos históricos unos detrás de otros, ya que lo significativo en este caso es aclarar por qué los descendientes de Abraham eran los “elegidos” por Dios o por qué decidieron estos descendientes asentar sus campamentos en Palestina.
En primer lugar hablaremos del concepto de Tierra Prometida y qué inquietudes pudo experimentar el Abraham originario de la mesopotámica ciudad de Ur para comenzar su peregrinar hacia Tierra Santa en el siglo XIX a. C. aproximadamente. Si nos acercamos al Génesis bíblico vemos como aparece ya la primera promesa del posterior pacto entre Yahveh y Abrán (que luego pasará a llamarse Abraham cuando se formalice el pacto): A tu descendencia voy a dar esta tierra1. Estando asentado ya Abraham en la Tierra de Canaán, Yahveh intercede de esta forma: Alza tus ojos, por favor, y mira desde el lugar donde estás, hacia el norte y hacia el sur y hacia el este y hacia el oeste. Porque toda la tierra que estás mirando, a ti y a tu descendencia la voy a dar hasta tiempo indefinido2. Pero, ¿por qué Abraham cambió su lugar de asentamiento en el momento en que Ur era una de las ciudades más importantes de Mesopotamia? Salió de la ciudad donde ya se había escrito en ese siglo el famoso Código de Hammurabi (1.700 a. C) y donde curiosamente se hacía uso de la Ley del Talión3. ¿Quizás un asentamiento urbano con pocas expectativas de futuro para un pastor? ¿Quizás tuvo que salir en busca de nuevas tierras de pastos? Pero finalmente lo cierto es que Yahveh le prometió a Abraham una de las zonas más fértiles que existía en estos momentos en la Península Arábica: “A tu descendencia ciertamente daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río, el río Eúfrates”4. Cuando Abraham sale de su ciudad natal, Ur, se asienta en Siquem, una ciudad que hoy se conoce con el nombre de Naplusa5.
¿Y por qué Israel? Yahveh le dio este nombre al “Pueblo Elegido” por el mismo Jacob, hijo de Isaac, a quién le cambió su nombre por el de Israel. Una curiosidad casi sin aparente importancia en un principio, pero que tiene mucho significado en las disputas religiosas entre judíos y musulmanes. En sentido estricto el primer profeta judío sería Jacob por darle el nombre al Pueblo de Israel; sin embargo, siempre se ha entendido como primer profeta de la historia (y también de la historia judía) a Abraham. Pero si nos acercamos al Corán vemos como los musulmanes lo reclaman como suyo; aunque no sólo a Abraham: “Decid: Creemos en Dios y en lo que nos ha revelado, en lo que se reveló a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus, en lo que Moisés y Jesús y los profetas recibieron de su Señor. No hacemos distinción entre ninguno de ellos y nos sometemos a Él”6. En esta misma edición coránica de Julio Cortés se hacen anotaciones como ¿Cuándo comenzó el judaísmo?: el judaísmo comenzó con los Patriarcas y con los Profetas. Nació en el siglo V a. C., al regreso del exilio de Babilonia, con la promulgación de la Ley de Moisés en Jerusalén7. En esta edición se hace mención a Abraham como primer hanif o primer musulmán: “Abraham no fue judío ni cristiano, sino que fue hanif, sometido a Dios, no asociador.”8 En cualquier caso, son curiosas las divergencias existentes entre dos religiones que son originarias de un tronco común…El Pacto entre Abraham y Dios.
Este mismo hecho hace crecer el odio entre judíos y musulmanes, no sólo por las divergencias textuales de La Torá, sino por las disputas en relación al territorio: del mismo modo tanto judíos como musulmanes son el “Pueblo Elegido” si ambos se sienten descendientes de Abraham, diseñador de la Caaba o Casa donde se encontraba la Piedra Negra que hoy está en el centro de la Gran Mezquita de La Meca9. Aunque, desde mi punto de vista, el “Pueblo Elegido” debía ser el Pueblo de Israel; ya que por aquel entonces no existía el Islam (aunque ya se hable en El Corán de una comunidad de creyentes o Umma creada por Abraham)10.
Otro punto muy importante y sorprendente es el concepto de Jihad. Este concepto ya se contenía en La Torá pero entendido como Guerra Obligatoria para que el Pueblo de Israel tomase posesión de Tierra Prometida: lo más impactante de todo esto es que Yahveh es el que “obliga” a utilizar la fuerza para que los descendientes de Abraham hiciesen uso del territorio prometido a sus ancestros: Están cruzando el Jordán a la Tierra de Canaán. Y tienen que expulsar a todos los habitantes de la tierra de delante de ustedes y destruir todas sus figuras de piedra, y todas sus imágenes de metal fundido las deben destruir, y todos los lugares altos sagrados los deben aniquilar. Y tienen que tomar posesión de la tierra y morar en ella, porque a ustedes ciertamente daré la tierra para que tomen posesión de ella. Sin embargo, si no expulsan a los habitantes de la tierra de delante de ustedes, entonces los que dejen de ellos ciertamente llegarán a ser como púas en sus ojos y como espinas en sus costados, y verdaderamente los hostigarán en la tierra que estarán morando. Y tiene que ocurrir que tal como había calculado hacerles a ellos les haré a ustedes”11. En definitiva, ¿es esto Guerra Santa? Está claro que el concepto de Jihad no fue inventado por Mahoma o revelado por Alá a Mahoma; como nos han hecho ver los medios de comunicación. Si nos acercamos al Corán vemos que la única referencia que se hace a la violencia contra los infieles es está: Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros, pero no os excedáis. Dios no ama a los que se exceden. Matadles donde deis con ellos, y expulsadles de donde os hayan expulsado. Tentar es más grave que matar”12. “En esto sabrán que un Dios vivo está en medio de ustedes, y que sin falta expulsará de delante de ustedes a los cananeos y a los hititas y a los heveos y a los perezeos y a los gergeseos y a los amorreos y a los jebuseos”13 (palabras de Josué al Pueblo de Israel). Sin embargo falta un pueblo importante y en constante disputa con el Pueblo de Israel: los habitantes de Filistea cuya capital era Gaza. Sansón tuvo relaciones con la filistea Dalila (por aquel entonces los filisteos gobernaban sobre el Pueblo de Israel)14 y el mismo Goliat era filisteo15. Si nos acercamos a los mapas de los que disponemos, vemos como Filistea nunca fue territorio judío propiamente dicho. Posteriormente si cayó bajo dominio romano siendo Siria-Palestina. Incluso llegamos a leer en el libro de Jeremías que Dios "justifica" la destrucción de Gaza y de los filisteos16 en estas constantes guerras entre el Pueblo de Israel y sus vecinos.
Uno de los hitos históricos, quizá el primero para la historia de Israel, es la deportación de los descendientes del Rey David a la Babilonia de Nabucodonosor17. De ahí el continuo deseo histórico de la vuelta a Sión, Ciudad del Rey David18 y la creación del Movimiento Sionista en pleno siglo XIX por el ideólogo judío Theodor Herzl; que cobró una mayor importancia después del exterminio nazi.
Pero, ¿existe un conjunto judío coherente que haya atravesado la Historia? ¿Hay relación entre los judíos del Reino de Salomón en el siglo X a. C., los de Palestina en tiempos del Imperio Romano, los de los guetos alemanes y los del Estado israelí actual? Los judíos no han estado unidos ni por el territorio ni por la lengua ni por la historia ni por las costumbres: los judíos han ido abrazando los hábitos locales19 (como los sefardíes de Al-Andalus que incluso hablaban una lengua distinta que procedía del romance, el ladino).

Desde el punto de vista científico, los datos ofrecidos por La Biblia son bastante escasos. Entonces tenemos que contar con documentos extrabíblicos (documentos egipcios, por ejemplo) y datos arqueológicos20. Según el arqueólogo judío Israel Finkelestein “los hebreos nunca estuvieron en Egipto, no erraron por el desierto, no conquistaron Tierra Prometida. Los Reinos de David y de Salomón descritos en La Biblia como potencias regionales no eran más que pequeños reinos tribales”21. Pero quizás es llegar demasiado lejos, porque es sabido del gran templo edificado durante el reinado de Salomón en Jerusalén, de lo que hoy nos queda el famoso Muro de las Lamentaciones. Si fuesen pequeños reinos, no existiría una descripción tan detallada de su construcción en La Biblia y en otros muchos manuales sobre arquitectura. Además el conjunto de Templo y Palacio Real está considerado como una de las obras más importantes de Oriente Medio, junto con el gran Palacio de Babilonia.
Lo que sí es cierto es que Israel (ya fuese un pequeña o gran nación) comienza en el mundo nómada del desierto y en el mundo cultural (los hebreos tomaron de este lugar la religión, costumbres e incluso idioma) de las ciudades-estado cananeas diseminadas por las zonas costeras y montañosas de Palestina. Las tribus de Israel formaban parte del mundo cananeo, mejor conocido hoy gracias a los descubrimientos arqueológicos de Ugarit22.
Pero muchas veces los datos arqueológicos son difíciles de manejar, y más cuando existe una tradición tan arraigada en nosotros como la judeo-cristiana. Las inscripciones de los yacimientos arqueológicos de Siria y Palestina son escasas23. El Génesis describe a los patriarcas como pastores nómadas. Procedían (excepto Abraham) de las regiones limítrofes de Palestina. “Pero las referencias cronológicas en La Biblia acerca de los patriarcas no son muy veraces. Existe una relación entre los patriarcas y ciertos personajes que aparecen entre los siglos XIX-XVIII a. C. en Siria y Palestina, conocidos por las fuentes egipcias. Los nombres de ellos son muy parecidos a los de los patriarcas bíblicos, cuya historia pertenecería a la gran emigración aramea de los siglos XIX-XVIII a. C. Los patriarcas se vinculan con los grupos semíticos occidentales, amorreos y protoamorreos, y eran pastores de ganado menor en vías de sedentarización. No serían grandes nómadas ni mercaderes caravaneros”24. La llegada de los antiguos antepasados a Israel hay que ponerla en relación con el movimiento amorreo, como se desprende de la lingüística, de la onomástica y de la sociología. Emigrantes y pastores de ovejas de la Alta Mesopotamia fundaron, a principios del II Milenio, varias dinastías en las ciudades del norte de Siria y de Mesopotamia. Pertenecen al mismo tipo social que Abraham y vivían en la misma región que el “primer profeta”. Este movimiento amorreo afectó a todo el desierto sirio25.
Lo que más me llama la atención de todo esto es que la arqueología y la investigación de los textos encontrados nos hayan dado datos como el carácter del Pueblo de Israel: en La Biblia (como hemos descrito en uno de sus pasajes) Dios alienta a su pueblo a luchar contra todo aquel que no sea el merecedor de la Tierra Prometida. Sin embargo, los datos arqueológicos nos muestran que los patriarcas no fueron conquistadores, sino que acamparon pacíficamente en las ciudades (aunque después de morar en esta tierra tuvieran que recurrir a las armas para defenderse de los pobladores originarios de aquel territorio)26.
Con respecto a la esclavitud vivida en Egipto por los israelitas tampoco tenemos datos objetivos sobre este hecho en las crónicas egipcias. La tradición (La Biblia) tampoco conserva ninguna noticia sobre los siglos en los que los hebreos estuvieron en Egipto durante 430 años. La bajada de los judíos a Egipto deberá tener algún fundamento histórico. Quizás debió ser una penetración pacífica; pero, sin duda, no es cierto la bajada a Egipto de los doce hijos de Jacob (caudillos de las doce tribus), ni el Éxodo de las Doce Tribus de Israel, que se constituyeron y federaron mucho después de forma prolongada27. Entonces, si el hecho más importante para la tradición judía incluso hoy día es la Esclavitud bajo dominio egipcio y el Éxodo durante cuarenta años por el desierto de Sinaí (que tampoco se sabe exactamente dónde se sitúa)...
Otro dato muy esclarecedor para el futuro del Pueblo de Israel y del Estado actual israelí es el hecho de que “Israel nunca existió como unidad política”28: En la época de los Jueces las tribus se afincaron en la posesión de los territorios y adquirieron su identidad. Se unieron debido a la necesidad de defenderse de enemigos comunes (como los filisteos, que se asentaban en la actual Gaza). Pero las tribus sólo se unieron en la época del Rey David. Parece ser que nunca prevaleció en Israel una concepción de Estado similar a la que tuvieron los cananeos. Aunque sí es cierto que durante el reinado de Saúl los israelitas se convirtieron en Estado nacional, pero las instituciones del nuevo Estado se copiaron de los estados vecinos.

Pero, en definitiva: ni Israel fue un Estado al igual que los estados de alrededor, ni hubo una religión unitaria (ya que no todos eran yahveístas de forma monoteísta), ni una lengua común, etc. Prueba de ello es el Judaísmo en la Diáspora: cada grupo semita se ha adaptado a las costumbres y cultura del país donde han estado viviendo hasta la llegada del Sionismo en pleno siglo XIX de Nuestra Era. Pero incluso hoy día, los judíos afincados en el mundo (que no tienen intención de “retornar a Sión”) respetan las normas y costumbres de los países donde habitan sin ningún tipo de problema cultural ni religioso.



1 Génesis, 12:7.
2 Génesis, 13:14; 13: 15.
3 Brito Stelling, María Isabel; La Música en la Creciente Fértil durante los Milenios III, II y I a.C.;
Revista Musical de la Sociedad Venezolana de Musicología, Caracas, Nº 3, Marzo-Abril 2002; www.musicologiavenezolana.com.
4 Génesis, 33:52.
5 Gresh, Alain; Israel. Palestina. Verdades sobre un conflicto; Barcelona, 2002, p. 54.
6 El Corán, Sura 2, verso 136.
7 El Corán, Sura 3, p 131, nota al pie, ed. Julio Cortés.
8 El Corán, Sura 3, verso 67.
9 EL Corán, Sura 2, verso 125.
10 El Corán, Sura 2, verso 128.
11 Números, 33:51-33:56.
12 El Corán, Sura 2, versos 190 y 191.
13 Josué, 3:10.
14 Jueces, 14.
15 Samuel, 17:4.
16 Jeremías, 47.
17 Evangelio según San Mateo.
18 Samuel II, 5:8.
19 Gresh, Alain; Israel. Palestina. Verdades sobre un conflicto; Barcelona, 2002, p 53.
20 Blázquez, José María; Martínez-Pinna, Jorge; Presedo, Francisco; López Melero, Raquel; Alvar, Jaime; Historia de Oriente Antiguo, Madrid, 1992, p 347.
21 Gresh, Alain; Israel. Palestina. Verdades sobre un conflicto, Barcelona, 2002, p 55.
22 Trebolle, Julio; La experiencia de Israel: profetismo y utopía, Madrid, 1996, p 10.
23 Blázquez, José María; Martínez-Pinna, Jorge; Presedo, Francisco; López Melero, Raquel; Alvar, Jaime; Historia de Oriente Antiguo, Madrid, 1992, p 348.
24 Íbidem, p 348.
25 Íbidem, p 351.
26 Íbidem, p 361.
27 Íbidem, p 354.
28 Íbidem, 363.
29 Números, 33.
30 Génesis, 17.
31 Josué, 5:15.



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