martes, 28 de febrero de 2012

Las dos caras del cristianismo europeo: De la idolatría pagana mediterránea al puritanismo de las formas protestantes. Aproximación antropológica desde La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo de Max Weber a las Cruces de Mayo de Berrocal.




Introducción a la obra de Max Weber y crítica historiográfica:

Se ha escrito mucho sobre la Reforma Protestante y no todo ha sido bueno. Cierto es que la mayoría de los manuales y monografías centrados en las disputas religiosas del siglo XVI en adelante se centran solamente en los aspectos más anecdóticos de la vida y obra de estos reformadores.

En mi escasa bibliografía existen obras claves (muy dispares entre ellas) que nos pueden ayudar a entender con más nitidez –si es posible- la realidad del surgimiento de un nuevo paradigma religioso como fueron las reformas medievales1 (entre sus protagonistas están Hus y Wyclif) y las reformas que rompieron definitivamente con las expectativas de la Iglesia de Roma2. Una de esas obras es La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber, sorprendente y esclarecedora al compararla con los demás textos que tratan sobre la Reforma. Por eso, no son pocos los autores dedicados a la investigación histórica y teológica que discrepan de las teorías económicas de Max Weber en relación con el nacimiento del capitalismo en base al calvinismo3, entre ellos está Teófanes Egido que corrige la teoría de Weber afirmando que “Con frecuencia se ha insistido en la relación directa entre calvinismo y primer capitalismo. Sin duda se confunde a Ginebra con puritanismos posteriores derivantes y se somete la economía a lo religioso. La evidencia parece demostrar lo contrario: el calvinismo no iba creando condiciones económicas nuevas, se adaptaba a las existentes. Al menos eso aconteció en la Ginebra de Calvino, subordinador de la usura a la caridad, o con Teodoro de Beza, enemigo de elevar el precio del dinero y temeroso de convertir a los ginebrinos en banqueros. Ambos están más obsesionados por la gloria de Dios que por la acumulación primitiva de capital.”4 Esta última idea de Teófanes Egido se observa en el siguiente fragmento de Calvino:

5En el nombre de Dios todopoderoso, nosotros, los Síndicos, Pequeño y Gran Consejo, junto con nuestro pueblo, reunido al toque de trompeta y a la campana tañida, a tenor de la inmemorial costumbre; habiendo considerado que lo que más importa es que la doctrina del santo Evangelio de nuestro Señor se mantenga en su pureza, que la Iglesia cristiana se conserve como es debido; que en adelante la juventud sea fielmente instruida, el hospital bien ordenado y en buen estado para sustento de los pobres; y teniendo en cuenta que nada de eso se podría hacer sin algunas normas y formas de vida para que cada estado atienda al cumplimiento de su deber y de su oficio; por todo esto nos ha parecido acertado que el gobierno espiritual, tal como Nuestro Señor lo ha demostrado y establecido en su Palabra, se redacte de forma debida para que rija y sea observado entre nosotros.
Por tanto, hemos ordenado y establecido que se observe en nuestra ciudad y su tierra la legislación eclesiástica que se sigue, ya que hemos visto que se acomoda al Evangelio de Jesucristo.
En primer lugar, hay cuatro órdenes de oficios que Nuestro Señor ha establecido para el gobierno de su Iglesia, a saber: los pastores, los doctores, los ancianos delegados por el municipio, y en cuarto lugar los diáconos. Por tanto, tenemos que observar esta ordenación si es que queremos una Iglesia ordenada y mantenida en su integridad.
Por lo que se refiere a los pastores, nombrados en la Escritura algunas veces como vigilantes, presbíteros y ministros, su oficio consiste en anunciar la palabra de Dios para instruir, amonestar, exhortar y reprender, así en público como en privado, en administrar los sacramentos y hacer la corrección fraterna junto con los ancianos o delegados.
Por tanto, para que nada se haga en la Iglesia con confusión, nadie debe ingresar en este oficio sin vocación, para lo que hay que considerar tres aspectos: primero, el examen, que es lo principal; después, a quién compete instruir a los ministros; en tercer lugar, qué ceremonia o normativa conviene observar al confiarles el oficio.
El examen consta de dos partes. La primera se refiere a la doctrina, es decir, a averiguar si el candidato a ministro posee el conocimiento correcto y sano de la Escritura. Después, si está capacitado par comunicarla al pueblo con edificación. Para evitar cualquier riesgo de que el que se va a recibir como ministro tenga alguna opinión mala, estará bien que se obligue a declarar que recibe y sostiene la doctrina aprobada por la Iglesia. Para saber si está capacitado para enseñar, será preciso proceder por interrogatorios y oyéndole en privado la manera de tratar la doctrina del Señor.
La segunda parte del examen se refiere a la vida, a saber si es de buenas costumbres y si siempre se ha comportado irreprochablemente. En esto hay que atenerse a la normativa que está tan claramente expuesta por San Pablo.”6

Algunos otros autores afirman que se han enfrentado las teorías de Max Weber a las de autores como Marx, Durkheim, Popper, Simmel o Nietzsche; incluso se han elaborado textos sobre las teorías de Weber que contrastan con el pensamiento de los autores anteriormente citados7. Sin embargo, existen otros investigadores que reflejan su empatía con el punto de vista de Weber: Hans Küng afirma que Calvino al haber instaurado elementos en su doctrina como “su reevaluación del trabajo cotidiano, de las tareas prácticas de lo mundano y las buenas obras como merecedoras de la elección, sin duda proporcionó las condiciones psicológicas para lo que Max Weber llamaría el espíritu del capitalismo moderno. Y aunque no se cuestionaba la libertad religiosa en Ginebra fue indirectamente de suma importancia para el desarrollo de la democracia moderna, especialmente en América del Norte.”8 Incluso Alain Touraine cita a Max Weber en sus escritos explicando que “la intención de Weber era mostrar cómo las diversas grandes religiones habían favorecido u obstaculizado la secularización y la racionalización modernas. En el caso del Cristianismo su atención se concentró en la Reforma y en la idea calvinista de predestinación que sustituye al ascetismo fuera del mundo por el ascetismo en el mundo (…) Según Weber, la importancia del protestantismo no estriba aquí en el contenido de su fe, sino en su rechazo del encantamiento del mundo cristiano, definido a un tiempo por el papel de los sacramentos y el poder temporal de los papas.”9



Análisis de la obra de Max Weber en relación a las Cruces de Mayo de Berrocal:

A primera vista puede parecer que la obra de Weber no contiene ningún elemento comparativo con los ritos y fiestas que aluden a la primavera y la relación del ser humano con la divinidad en estas fechas. Pero después de haber visitado Berrocal en su día grande, mucho me temo que es cierto que nada tiene que ver la forma en la que viven las sociedades tradicionales sus días festivos y la forma en que se manifiesta la religiosidad en los países centroeuropeos.
Es sabido que con la llegada de la Reforma se destruyeron todos los restos de iconoclastia católica de las iglesias alemanas, ginebrinas, etc. Todo lo que olía a idolatría se eliminó del día a día de los creyentes de la nueva fe. También se tiene constancia –como me han comentado amigos bautistas- del rechazo que experimentan estas nuevas confesiones religiosas respecto a la brujería y a la superstición, añadiendo que son obras del maligno. Cierto es que no se basan en ninguna nueva doctrina, sino en el Evangelio10. Como afirmaba Lutero, “El justo se salvará por la fe”11. Pero vemos que el oficio de creer a Dios por sí mismo y bajo las Escrituras es ardua tarea para las sociedades tradicionales europeas donde el sincretismo religioso estaba a la orden del día.
Max Weber afirma que los reformadores sustituyeron “un poder extremadamente suave, en la práctica apenas perceptible, de hecho casi puramente formal, por otro que había de intervenir de modo infinitamente mayor en todas las esferas de la vida pública y privada”12. Esta idea es comparable con lo vivido en Berrocal: durante las nueve horas de observación no vimos a ningún representante de la Iglesia Católica, algo bastante curioso tratándose de un rito aparentemente católico. Es la primera vez en mi vida que no me he sentido mal en un acto religioso. La causa es bastante clara, ya que sabemos que estos ritos de bienvenida a la primavera son festividades paganas enmascaradas hoy día con el sutil velo13 de la doctrina católica. Como expone Weber, la Iglesia Católica sólo aparecía por las tierras centroeuropeas para convencer a los fieles de que si pagaban una cierta cantidad sus familiares y ellos mismos estarían menos tiempo en el Purgatorio14. Lo cierto es, como ya se sabe, que aquellas bulas eran utilizadas para engrandecer la imagen de Roma –primero ante los turcos y luego ante los protestantes.
Recuerdo que pasamos por una de las calles de Berrocal y vimos una pequeña casa. En principio pensamos que era una casa particular, pero no; era una farmacia: una pequeña puerta, un azulejo que indicaba lo que era y en su interior una estantería (lo poco que pudimos observar para no ser mal educadas) con botes de cerámica donde se supone que estaban contenidos los medicamentos. Era como viajar en el tiempo. Como dice Weber “el mayor alejamiento del mundo del catolicismo, los rasgos ascéticos propios de sus más elevados ideales tienen que educar a sus fieles en un espíritu de indiferencia ante los bienes de este mundo”15. Es decir, las sociedades tradicionales católicas han sido educadas en el conformismo y con la idea de más vale pájaro en mano que ciento volando. En Berrocal no es necesaria una farmacia con puertas que se abren solas, ni pc última generación con impresora multifunción, ni luminosos en la puerta que llame la atención de los vecinos, etc. Lo sencillo es lo válido, es lo bueno y lo bonito. “El católico…es más tranquilo; dotado de menor impulso adquisitivo, prefiere una vida bien asegurada, aun a cambio de obtener menores ingresos, a una vida en continuo peligro y exaltación, por la eventual adquisición de honores y riquezas. Comer bien o dormir tranquilo, dice el refrán; pues bien, en tal caso, el protestante opta por comer bien, mientras que el católico prefiere dormir tranquilamente.”16
Algo bastante significativo del mundo rural es el uso del tiempo tan distinto al nuestro: si preguntas a qué hora empieza algo a tres personas distintas, las tres te dirán horas distintas y siempre de la misma manera “a las… más o menos”. Sin embargo este concepto del tiempo no existe en nuestra sociedad y menos en las sociedades protestantes donde la puntualidad es un valor en sí misma. Como dijo Benjamin Franklin “Piensa que el tiempo es dinero”17. Como bien dice Max Weber, en este documento esta impreso el espíritu del capitalismo. Por tanto, todo lo relacionado con fiestas y días libres no sería más que una forma de perder el tiempo, algo no beneficioso para el protestante: “Según la voluntad inequívocamente revelada de Dios, lo que sirve para aumentar su gloria no es el ocio ni el goce, sino el obrar”18; por tanto “el primero y principal de todos los pecados es la dilapidación del tiempo: la duración de la vida es demasiado breve y preciosa para afianzar nuestro destino. Perder el tiempo en la vida social, en cotilleo, en lujos, incluso en dedicar al sueño más tiempo del indispensable para la salud es absolutamente condenable desde el punto de vista moral.”19 Sin embargo, no podemos decir que Berrocal no esté influido por el capitalismo, porque hoy día todo está envuelto por ese matiz económico; pero lo que sí es cierto que no tienen ese concepto del estrés urbanita. Sin embargo, se respetan los horarios en relación al ritual de las Cruces y existe una necesidad de perfección y cumplimiento en cuanto a los turnos y posiciones que toma cada hermandad (Santa Cruz de Arriba y Santa Cruz de Abajo).
Max Weber también habla del tradicionalismo en las formas de trabajo agrícola, apuntando que “lo que el hombre quiere por naturaleza no es ganar más y más dinero, sino vivir pura y simplemente, como siempre ha vivido, y ganar lo necesario para seguir viviendo.”20 Quizás no sea esta una marca característica de Berrocal en particular, sino de Andalucía en general. Es la idea de trabajar para vivir y no vivir para trabajar o como diría Sombart “sistema de la economía de satisfacción de las necesidades”21. También se habla del trabajo en torno a “la recolección de la cosecha”22, típico de las sociedades tradicionalistas, que sí podríamos relacionar con las fiestas de Berrocal en el sentido más ancestral de las fiestas de mayo. Sería pues, la fiesta del final del invierno y el inicio de un nuevo ciclo agrícola como es la primavera. Este ritual, envuelto en tradición ancestral según los vecinos del lugar que nos decían que aquello había existido desde siempre y que era la tradición; nos hace pensar en el misterio y la magia que se concentra en estos rituales primaverales. De ahí la diferencia entre las sociedades mediterráneas agrícolas y las sociedades protestantes: según Max Weber la concepción negativa de la superstición y lo mágico en las sociedades protestantes se expresa en lo que pensaban los puritanos de que “ni medios mágicos ni de alguna otra especie eran capaces de otorgar la gracia a quien Dios había resuelto negársela”23. Max Weber habla de los puritanos en relación al odio a lo profano diciendo que “el odio encarnizado de los puritanos contra todo lo que olía a superstición, contra todas las reminiscencias de administración mágica de la gracia, se enderezó por igual contra la cristiana fiesta de Nochebuena, contra el árbol de mayo y contra el despreocupado sentido artístico de la Iglesia.”24
Quizás el problema no es que el cristianismo se haya fracturado de dos formas distintas con la llegada de la Reforma, sino que estamos hablando de dos formas religiosas muy distintas entre sí y que sólo tendrían en común la veneración a los mismos dioses. Tendríamos que hablar de cristianismo primitivo capitalista al hablar de lo que se vive y se cree en las zonas reformadas y de sincretismo religioso pagano-cristiano en las zonas mediterráneas (siempre bajo mi humilde y poco científico punto de vista). Ambas concepciones nada tienen que ver con el dogma oficial de la Iglesia de Roma, aunque ésta haya tolerado las formas de religiosidad popular como formas del Catolicismo.


Veamos un ejemplo de sincretismo religioso en la obra de Federico García Lorca, Yerma:
[Mujer 1ª]
Señor, que florezca la rosa,
No me la dejéis en sombra.

[Mujer 2ª]
Sobre tu carne marchita
florezca la rosa amarilla.

[Mujer 3ª]
Y el vientre de tus siervas,
la llama oscura de la tierra.

Coro
Señor, que florezca la rosa,
no me la dejéis en sombra.

Yerma
El cielo tiene jardines
con rosales de alegría:
entre rosal y rosal,
la rosa de maravilla.
Rayo de aurora parece
y un arcángel la vigila,
las alas como tormentas,
los ojos como agonías,
Alrededor de sus hojas
arroyos de leche tibia
juegan y mojan la cara
de las estrellas tranquilas.
Señor, abre tu rosal
sobre mi carne marchita.25

Algo realmente curioso es la apropiación idólatra que ha hecho el Catolicismo de todas estas formas paganas, siendo la idolatría una de las prohibiciones de Dios26. Incluso Max Weber hace referencia a este hecho, obvio si se estudia el protestantismo, en su obra: “la repulsa radical a toda idolatría, que implicaría una atenuación de la veneración que sólo a Dios se debe.”27 Sin duda, en las fiestas de Berrocal lo que más sobresale es la idolatría; no sólo en la veneración de las Cruces, sino en la transformación de las bestias como objeto de culto y en la simbología del romero y el estandarte.
Ya no sólo esta prohibida la idolatría en las iglesias protestantes (en este caso calvinista), sino también todo lo que implique instintos e irracionalidad. Es decir, las pasiones en lo referente a la religión –y a la vida en general- debían ser acalladas por la razón para así poder escuchar la palabra de Dios. Aunque este concepto creo que no está muy estandarizado en las iglesias protestantes, ya que el mismo Lutero usaba la música y la fiesta como elemento fundamental de la iglesia; incluso es sabido que las iglesias metodistas negras –en un principio- en los EE.UU. usan el gospel como forma primordial para que el Espíritu Santo llegue a ellos de forma mas efectiva28. Sin embargo, siempre se intenta resumir la complejidad de las distintas formas de expresiones religiosas en Europa poniendo como dualismo la racionalidad protestante frente al paganismo católico. Claro está que el caso de Berrocal es un claro ejemplo de este paganismo del que hablamos y, de hecho, todas las fiestas religiosas populares –sobre todo en Andalucía- están compuestas de esas características básicas que encontramos en los manuales que tratan estas materias. Pero vemos que la realidad es más compleja y no debemos nunca aceptar como válidas las marcas diferenciadoras que se nos presentan en las distintas monografías como reflejo de la realidad.
Por último, uno de los elementos más importantes de las fiestas de Berrocal es la sensualidad y el goce de los sentidos. La primavera es eso, pura sensualidad y sexualidad; algo totalmente acallado por la moral protestante, incluso pernicioso para la salud y en contra de la gloria de Dios: “Contra la tentación sexual, como contra la duda o la angustia religiosa, se prescriben distintos remedios: dieta sobria, régimen vegetariano, baños fríos; pero sobre todo, esta máxima: trabaja duramente en tu profesión.”29.



Claro está que siendo mediterráneos como somos, podemos llegar a pensar que nuestra sociedad tiene mucho de viejo y nuevo, ya que entendemos el tiempo como lo entendía Franklin y entendemos el ocio como lo entendían los clásicos latinos. Por tanto, nuestra sociedad es sincrética no sólo en el aspecto religioso y ritual, sino en el aspecto social y económico. La moral protestante no fue más que un lavado de cara del dogma católico y una vuelta al cristianismo primitivo engalanado con una nueva superestructura ahora llamada capitalismo. Como apuntó Nietzsche “Lutero se indignó contra el renacimiento de Roma, en vez de entender, con el más profundo agradecimiento, el extraordinario acontecimiento ocurrido: la derrota del cristianismo en su propia sede. En la sede papal ya no estaba asentada la antigua corrupción, ese pecado original que es el cristianismo; quien se había asentado allí era la vida, el triunfo de la vida. Y Lutero restauró la Iglesia nuevamente.”30
Sin embargo la sociedad moderna es todo eso más unas incesantes ganas de conocer todo lo irracional –desde la razón, aunque sea una paradoja- y una necesidad absoluta de volver a las antiguas formas de religiosidad pagana; ya sea implicándonos en las fiestas tradicionales o desde un punto de vista más etnográfico.

De este modo, aunque parezca una forma enrevesada de explicar lo que significó la Reforma en sí misma y lo que hoy significa la compleja convivencia entre capitalismo y tradicionalismo; hemos hecho un repaso a la obra de Max Weber ejemplificando sus tesis con lo observado en las Cruces de Mayo de Berrocal.


1 Véase la información sobre los reformadores medievales que aparece en: García de Cortázar, José Ángel, Cristianismo marginado, Madrid, 1999; Orlandis, José; Historia de la Iglesia, Tomo 1, La Iglesia Antigua y Medieval; Madrid, 1998; E. Delaruelle, P. Ourliac, E.R. Labande, La crisis conciliar, Tomo XVI de la Historia de la Iglesia, de Fliche-Martín, Valencia, 1967; Mitre, Emilio; Granada, Cristina; Las grandes herejías de la Europa Cristiana, Madrid, 1999; Cohn, Norman, En pos del milenio, Madrid, 1997;
2 Véase la información sobre la Reforma Protestante en: Egido López, Teófanes, Las Reformas Protestantes, Madrid, 1992; Egido López, Teófanes, Las claves de la Reforma y la Contrarreforma, Barcelona, 1991; Elton, G.R., La Europa de la Reforma, Madrid, 1974; Touraine Alain, Crítica a la Modernidad, Madrid, 1993; Smolinski, Heribert, Historia de la Iglesia Moderna, Barcelona, 1995; Álvarez Caperochipi, José Antonio; Reforma Protestante y Estado Moderno, Madrid, 1986; Vizuete Mendoza, J. Carlos, La Iglesia en la Edad Moderna, Barcelona, 1995; Blázquez Martín, Diego, “Herejía y Traición: Las doctrinas de la persecución religiosa en el siglo XVI”, en: Cuadernos Bartolomé de las Casas, nº 18, Madrid, 2001.
3 Entre estos autores está la Doctora en Historia Económica Renate Pieper de la Universidad de Graz en Austria y que fue Profesora Visitante para el Departamento de Historia Moderna de la Facultad de Humanidades de la Universidad Pablo de Olavide en el curso 2003/2004.
4 Egido López, Teófanes, Las claves de la Reforma y la Contrarreforma, Barcelona, 1991, p 63.
5 Palabras relevantes en negrita con respecto a la obra de Max Weber.
6 Calvino, Juan; “Ordenanzas eclesiásticas”; en Calvin, homme d´Église. Genève. Labor et Fides, 1971, pp 27-29.
7 Artículo encontrado en la red: Ballesteros Leiner, Arturo; “Cien años de La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, en: Tiempo.
8 Küng, Hans; La Iglesia Católica, Barcelona, 2003, pp 173,175.
9 Touraine, Alain; Crítica a la modernidad, Madrid, 1993, pp 42, 44.
10 Véase Éxodo 20:4. John Wyclif fue el primero que propuso las Sagradas Escrituras como única fuente de fe.
11 Véase Romanos 3:28.
12 Weber, Max; La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Buenos Aires, 2004, p 17.
13 La Iglesia Católica tolera estos ritos ya que fueron transformados y cristianizados por Constantino.
14 Invención papal en el siglo XIII.
15 Weber, Max; La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Buenos Aires, 2004, p 20.
16 Cita de Dr. Offenbacher en la obra de Max Weber, p 21.
17 Necessary hints to those that would be rich, aparece en la obra de Max Weber, p 30.
18 Weber, Max; La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Buenos Aires, 2004, p 152.
19 Se hace referencia a Barclay en la obra de Max Weber.
20 Weber, Max; La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Buenos Aires, 2004, p 40.
21 Citado en la obra de Max Weber, p 44.
22 Weber, Max; La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Buenos Aires, 2004, p 40.
23 Íbidem, p 87.
24 Íbidem, p 169.
25 García Lorca, Yerma, Alianza Cien, Madrid, 1996, pp 80, 81.
26 Éxodo, 20:4.
27 Weber, Max; La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Buenos Aires, 2004, p 141.
28 Martin, Denis-Constant; El Gospel Afroamericano: de los espirituales al rap religioso, Akal, Madrid, 2001.
29 Pensamiento de Baxter que aparece en la obra de Max Weber.
30 Nietzsche, Friedrich Wilhelm, El Anticristo, Madrid, 2001.



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