Introducción
Aún hoy día, aunque parezca ya una confrontación absurda y retrógrada, se sigue cuestionando el valor de la Constitución de 1978 y la realidad democrática del país por algunos sectores de la sociedad que todavía siguen sin darse cuenta de qué se trata y en qué consiste una transición democrática de tales características.
En muchos países, que acaparan actualmente las portadas de los periódicos más importantes del mundo por sus distintos conflictos internos y externos, se ha dado paso a una transición aparentemente democrática “impuesta” o “colocada” por potencias extranjeras. En estos casos, por ejemplo Irak y Afganistán, se ha dado paso a una transición no desde la sociedad civil o desde las élites políticas de la zona, sino desde fuerzas exteriores casi sin contar con el beneplácito de la población –que apenas puede definir en una sola palabra qué es eso que llaman democracia.
Para llegar a una conclusión firme y acertada sobre el cambio político de esta época, contamos con dos obras fundamentales en el estudio de la sociedad civil: En primer lugar, El aprendizaje de la libertad: 1973-1986 de José Carlos Mainer y Santos Juliá; y, en segundo lugar, La primacía de la sociedad civil de Víctor Pérez Díaz.
En ambos trabajos podemos encontrar, no solo los detalles políticos e institucionales, sino los cambios sociales y culturales más significativos de todo este período.
En el caso de la transición a la democracia en España existe hoy día un debate abierto –no solo desde la historiografía, sino desde la opinión pública– sobre cuáles fueron los verdaderos artífices de este cambio: ¿la sociedad civil o las élites políticas?
Hacia una sociedad civil democrática
Según la obra de José Carlos Mainer y Santos Juliá, la transición a la democracia se dio desde la sociedad; es decir, desde hacía décadas se estaba gestando una conciencia democrática (siempre en la clandestinidad y en el exilio) .
Lo más significativo de todo este proceso es que fue un impulso, no solo de los sectores que se definían como opositores al Régimen; sino que hubo división incluso dentro de los grupos cercanos a la Dictadura, además de división dentro del seno de la Iglesia Católica en España: “Curas y seglares más a tono con el espíritu de los tiempos, o, en su propio lenguaje, con el aliento del Espíritu, presionaron a las viejas generaciones de obispos y líderes de órdenes religiosas para que procedieran a cambios intelectuales, morales y organizativos, so pena de enfrentarse con una rebelión abierta. …] Aquellas gentes retaron a la iglesia a modificar la estructura de autoridad de sus instituciones, la definición de su papel en el mundo y, a la postre, su alianza con el estado franquista. Como consecuencia de la presión combinada de la iglesia universal y las nuevas generaciones, la iglesia española llegó, en los primeros años setenta, tan lejos en el proceso de su transformación que, en vez de mantener la que había sido su seña de identidad durante la primera fase del franquismo, a saber, su identificación con el lado victorioso de la guerra civil, no solo no estaba ya orgullosa de su papel de alentadora de la definición de esta guerra como una cruzada, sino que pedía perdón a los españoles por su fracaso en evitarla” .
En mayor o menor medida, se conocía la debilidad del Régimen en sus últimos años y la necesidad de cambiar el modelo de Estado por cualquier otra alternativa posible. Llegado un punto las ideologías de derecha e izquierda estaban en crisis y era necesario un compromiso pacífico ; se echó al olvido el pasado para llegar a la conclusión de que no determinará este pasado al futuro que estaba por llegar . Incluso se ha apuntado que existieron negociaciones y pactos entre los distintos grupos políticos mucho antes de la muerte de Franco, después de la Segunda Guerra Mundial : por tanto, la división bipolar de las dos Españas no es más que un mito historiográfico.
En muchas ocasiones hemos escuchado en boca de personas que vivieron la Transición, que en cuestión de pocos años cambió su forma de hablar y actuar: aprendieron qué era eso de democracia y qué significaba ser libre : “Un aire de libertad recorría de arriba abajo toda la sociedad española” . Aunque también es cierto que el conjunto de la sociedad española no tomaba parte en política; es decir, los grupos de oposición eran numerosos, pero no representaban a la totalidad de los españoles. De este miedo y apatía generalizada se mostraban preocupados los activistas de los movimientos en contra del Régimen . Estos sectores donde residían los valores democráticos eran “profesionales, intelectuales, cuadros medios y directivos de empresa …] estudiantes universitarios –que convirtieron a la Universidad desde la primera revuelta de 1956 hasta la muerte de Franco en una institución de oposición al régimen– y los núcleos de profesionales activos en la oposición”. Con respecto a la Universidad, podríamos dedicar todo un estudio a la gran importancia de esta institución en la Transición y también como gran grupo de oposición al Régimen: “A mediados de los cincuenta, influidos en parte por esa corriente intelectual (Generación del 98), muchos de los universitarios más brillantes, o más ambiciosos, se consideraban ajenos (o alienados), no solo al estado franquista, sino también a la cultura religiosa y social dominante. Su orientación intelectual se dirigió, cada vez con más intensidad, hacia fuera de las fronteras de España; de modo que, si se apoyaron en la tradición liberal española, esto fue, sobre todo, porque ello reforzaba su impulso de mirar a Europa. Lo que leyeron con avidez fueron libros de orientación existencialista, marxista y analítica …] y cuando estos jóvenes universitarios se decidieron a actuar y aplicar sus creencias y sus sentimientos en el terreno político, inventaron una tradición de movimientos estudiantiles de signo, o resonancia, antifranquista, inspirándose en modelos de la izquierda europea” .
A mediados de los años setenta, “las instituciones económicas, sociales, y culturales de España eran bastante semejantes a las de Europa occidental, y las creencias, orientaciones normativas y actitudes, que acompañaban al funcionamiento de tales instituciones, eran parecidas a las de los europeos. Esta es una de las razones principales que explican por qué el cambio hacia la democracia pudo ocurrir de la manera tan rápida y tan profunda como ocurrió …]” . Por ejemplo, un hecho evidente era la gran experiencia de años del sindicalismo en España: se paso de huelgas que perseguían conseguir unos derechos laborales; hasta huelgas que no solo se centraban en temas relacionados con el trabajo, sino que reivindicaban los derechos sociales de los trabajadores.
Poco a poco el resto de la sociedad española se fue impregnando de estos valores democráticos; aunque siempre ligados a la necesidad de estabilidad y conservadurismo . Sin embargo, se elaboró “un nuevo lenguaje cultural …] una nueva colección de símbolos políticos, tales como textos sagrados (la Constitución), instituciones ejemplares (la Corona), y rituales (las elecciones democráticas, o la firma de los pactos sociales) y, por otro lado, la reconstrucción de la memoria colectiva, con un nuevo entendimiento de la historia de España, y con la elaboración de nuevos mitos edificantes, tales como la reinterpretación de la guerra civil en los términos de una tragedia inevitable” . Según apunta Víctor Pérez Díaz, “la emergencia gradual de unas tradiciones liberal-democráticas en la sociedad civil precedió y despejó el camino para la transición política. Aquellas tradiciones sociales, combinadas con la invención de una nueva cultura política, hicieron que el nuevo régimen democrático pudiera consolidarse, y favorecieron su curso hacia su eventual institucionalización”.
Por tanto, es cierto que la transición a la democracia tuvo como origen la necesidad de la sociedad civil de un cambio en las estructuras de poder y un cambio de modelo de Estado; pero no hubiera sido posible ese cambio sin la voluntad de las élites políticas y sin el esfuerzo de aunar posturas en este nuevo modelo democrático: “el estado …] es un agente de dominación de (y de negociación con) la sociedad, que trata de resolver problemas colectivos; pero es también un foco ejemplar de la sociedad. La atención sistemática a esta segunda dimensión dramática, simbólica y afectiva del estado es crucial para entender no solo la transición a la democracia en España, sino también el funcionamiento posterior de la misma” .
Arte e imagen en la Transición
Pero no todo fue ansias de libertad por parte de los ciudadanos de a pie, sino también existían ansias de libertad en los artistas (tanto dentro de España como en el exilio). Con lo que respecta a Franco, era “en lo que concierne a la cultura, un cadáver –un putrefacto, hubieran dicho los amigos de Dalí y García Lorca– mucho antes de noviembre de 1975” .
En estos años España vivió una verdadera transformación cultural, no porque se crearan nuevos estilos; sino porque se vivía el arte de forma libre y sin censuras: desde los cantautores simplistas hasta la nueva moda psicodélica, que llegó hasta bien entrados los años ochenta, donde el foco de actuación era Madrid y su movida. Se le dio un gran impulso al videoclip y al cómic: “Ambos son productos sincréticos, derivados de muchas fuentes estéticas, de captación fácil y de consumo colectivo. Y ambos, por otro lado, reflejan muy bien su época: el cómic underground, con su dibujo chocarrero y algo pueril, ofrece, en pintoresca amalgama, sexo, marginalidad, implícita aversión a las convenciones y una fantasía que cifra su paraíso en la evasión y el tribalismo; el videoclip asocia música y la imagen en instantáneas vertiginosas y ora se complace en la subcultura callejera y agresiva, ora se instala en ensoñaciones electrónicas en las que todavía sobrevive la imaginación psicodélica de finales de los años sesenta o un romanticismo fantasioso y apulgarado. Formas efímeras e instantáneas, ambas han ejercido ya alguna influencia en la literatura y en el cine” .
Se trataba de unos nuevos iconos (como Alaska, Javier Gurruchaga o Almodóvar como cantante), en apariencia inventados a sí mismos, que parecían haber salido de Londres o Nueva York; una imagen bastante distinta a la fachada gris y moralista del Régimen.
Era la nueva cultura (con minúsculas) de la calle, desde las manifestaciones sindicales de cualquier tipo a las cuales acudía todo tipo de público y mítines políticos (que se convirtió en una nueva forma de ocio) hasta conciertos, festivales, exposiciones, proyecciones de películas de amplísima temática (dando paso a la pornografía)…
Conclusión
Sin duda, la transición hacia la democracia en España fue un hecho insólito y de gran rapidez de actuación, visto desde Europa. El conjunto de la sociedad fue gestando poco a poco una nueva conciencia muy distinta a los modelos de convivencia que se emitían desde el Régimen, que fue perdiendo legitimidad desde el ámbito universitario y sectores profesionales.
Ya no solo fue un cambio de mentalidades tanto en política y moral; sino un cambio cultural tan radical que tomó la calle como forma de expresión más auténtica, ese espacio urbano que antes casi no existía por miedo.
Finalmente la sociedad civil “cambió el chip” de manera radical a la muerte de Franco e hizo posible que las élites políticas solucionaran el problema de forma rápida y eficaz sin conflictos de ningún tipo ni revoluciones como ocurría durante los años anteriores a la II República.

Transición a la Democracia en España por Laura Tinajero Márquez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
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