CRECIMIENTO SIN DESARROLLO1
La
idea fundamental del artículo de Méndez y Molinero es la de que el
subdesarrollo se ha identificado de forma frecuente y errónea con la
situación de pobreza y atraso2,
al igual que el manual anteriormente citado. Por tanto el
subdesarrollo no es más que una situación de desequilibrio tanto
económico, social y territorial; que origina una crisis estructural
y por este motivo es por el cual las sociedades subdesarrolladas no
tienen medios para salir de esta encrucijada. “Un buen número de
países del Tercer Mundo logra en los años sesenta y setenta unas
tasas de crecimiento relativamente elevadas, pero apenas había
mejorado el nivel de vida de la mayoría de la población.
Identificado el desarrollo con el crecimiento, estos países se
estaban desarrollando, pero el aumento sostenido del producto o de la
renta coexistía con el incremento de la pobreza, la desigualdad o el
desempleo3”.
Pero,
¿cuándo se empezó a hablar de subdesarrollo? Este fenómeno
empieza a existir desde el punto de vista léxico a partir de la II
Guerra Mundial. Este hecho emerge cuando los grandes imperios
coloniales que se mantienen en vigor hasta después de 1945, dando
paso posteriormente a los procesos de descolonización y la
emergencia política del Tercer Mundo4.
Existen bastantes causas desde distintos puntos de vista: según el
marxismo se debe al intercambio desigual y el papel destructor del
imperialismo; otros ven la causa en las variantes demográficas
(Lacoste, 1968)…aunque existen otras muchas posibles causas que
responden a modos distintos de enfocar el mundo desde el punto de
vista político. Otros autores como Tulio Halperin Donghi achaca el
problema (en este caso el de Latinoamérica) al agotamiento del orden
neocolonial; es decir, la independencia económica (aparentemente) de
los países latinoamericanos con respecto a sus acreedores europeos y
norteamericanos5.
Lo
cierto es que aunque el proceso de descolonización hizo posible que
muchos países subdesarrollados ejercieran su soberanía sobre las
fuentes de recursos naturales, el control real siguió en muchos
casos en manos de los países ricos6.
Según González de Molina “La expansión del sistema capitalista
rompió la armonía entre los ecosistemas naturales y las formaciones
sociales periféricas”7;
de ahí que se empiece a hablar de dos elementos muy importantes con
respecto al subdesarrollo: Centro y Periferia. Según la Teoría de
los Anillos desarrollada por Von Thünen, lo que se produce dentro de
un anillo (en la Periferia) suele tener las mismas características
de producción y económicas; pero cada uno de los espacios se
integra al Centro y se relaciona con un “puerto”, que es el
intermediario entre el Centro y la Periferia. De este modo se van
adaptando los puertos y las vías férreas a este comercio exterior8.
Según
la idea de Lacoste9
existen dos conceptos que hay que diferenciar: Subdesarrollo y Tercer
Mundo. El primero se refiere a los países capitalistas del Tercer
Mundo y el segundo a los países capitalistas y socialistas no
desarrollados. Sin embargo, esta distinción carece hoy día de
sentido.
Entonces,
¿a qué nos referimos cuando hablamos de un país subdesarrollado?
Pues sería un lugar determinado donde la población muere de hambre,
pero donde sin embargo existe una evolución de la producción
alimentaria (según datos de la ONU). Pero entonces, ¿cuál es el
problema? Pues el problema es que las estructuras sociales (carecen
de capital financiero y técnico) impiden un reparto equilibrado de
esas producciones10.
Por eso hablábamos antes de Crecimiento y Subdesarrollo.
Si
nos paramos a pensar qué opinión nos merece el mundo en el que
vivimos, seguro que más de uno reflexiona sobre el Tercer Mundo:
causas de su desajuste económico y social, cuáles pueden ser los
“verdugos” que han propiciado el reparto desigual de sus
recursos, qué podemos hacer contra esos problemas internos (también
externos) que sufren estas poblaciones y si sería posible a largo
plazo que estuviéramos viendo en estos países nuestro futuro
(crecimiento demográfico, escasez de recurso y medios técnicos y
humanos necesarios para un buen reparto económico).
Muchos
achacan el problema a esta Globalización económica y cultural (que
no Globalización en términos generales11)
en la que nos vemos inmersos. Es decir, debido al empuje de las
grandes multinacionales que se nutren (muchas de ellas) de las
materias primas extraídas de las zonas más desfavorecidas de la
tierra (que no las mas pobres en cuestión de recursos naturales),
estas poblaciones se endeudan cada vez más con sus acreedores
extranjeros (como ocurría en el siglo XIX latinoamericano) y llega a
ser casi imposible salir del agujero negro del subdesarrollo. Por
ejemplo, en el caso chino tenemos casi una excepción en este
sentido: un país de corte comunista, aparentemente subdesarrollado,
con un halo importante de pobreza, una explosión demográfica que
salta todos los límites establecidos y una economía basada en el
comercio exterior; sin embargo, sus productos están llegando a todos
los mercados extranjeros y creando una situación de verdadera crisis
por el abaratamiento de sus manufacturas (incluso por la copia
fraudulenta de productos de primera calidad en el mundo occidental).
Quizás sería esta una buena forma de salir del agujero del
subdesarrollo.
Otro
tipo de herida que causa la Globalización (en este caso la
cultural), es el engrandecimiento de las formas culturales más
“exóticamente occidentales” en detrimento de las pequeñas
culturas y el olvido que se hace de las mismas por parte del “mundo
globalizado”. Si hay poblaciones donde existe una sola fuente de
comercio que es la artesanía local, este tipo de Globalización
aplasta su sistema económico y lo relega a un segundo plano (o
quinto si exageramos) dentro de la evolución de las culturas en este
siglo XXI.
Quizás
la solución, o una de las soluciones, sería engrandecer en la
medida que nos sea posible estas poblaciones mal llamadas
tercermundistas desde muchas perspectivas (tanto económicas como
culturales): intentando apostar por sus industrias y por la evolución
de sus mercados fuera de sus horizontes, hacer ver a la sociedad
globalizada que la cultura y forma de vida de estas zonas más
desfavorecidas es valiosa e interesante (promocionando su artesanía,
costumbres, exposiciones artísticas, etc.)…pero no como forma de
sacarles provecho económico al negocio que se está inaugurando (la
moda por los “ambientes zen”), sino creando nuevas oportunidades
a los habitantes de estas poblaciones para que sea posible la salida
del pozo negro del subdesarrollo y recordando que gracias al
colonialismo y al imperialismo Occidente es hoy día lo que es: ya es
hora que les devolvamos lo que fue suyo.
1
Idea extraída de Díez Espinosa y otros, Historia del mundo actual
(desde 1945 hasta nuestros días), Universidad de Valladolid,
Valladolid, 2000, p 118.
2
Méndez, R.; Molinero, F.; Espacios y Sociedades, Ariel, Barcelona,
1998, p 339.
3
Díez Espinosa y otros, Historia del mundo actual (desde 1945 hasta
nuestros días), Universidad de Valladolid, Valladolid, 2000, p 118.
4
Villares, R.; Bahamonde, A.; El mundo contemporáneo. Siglos XIX y
XX, Taurus, Barcelona, 2001, p 146.
5
Halperin Donghi, Tulio; Historia Contemporánea de América Latina,
Alianza Editorial, Madrid, 2001.
6
González de Molina, M.; Historia y Medio Ambiente, Eudema, Madrid,
1993, p 81.
7
Íbidem, p 88.
8
Idea extraída de la exposición magistral sobre los Ciclos
Monoproductores en Latinoamérica realizada por el Prof. Dr. Juan
Marchena para la asignatura de Historia de América Latina
Contemporánea 2005-2006.
9
Idea extraída de Méndez, R.; Molinero, F.; Espacios y Sociedades,
Ariel, Barcelona, 1998, p 344.
10
Méndez, R.; Molinero, F.; Espacios y Sociedades, Ariel, Barcelona,
1998, pp 345 y 346.
11
Beck, Ulrich; ¿Qué es la Globalización?, Madrid, 1998.

Crecimiento sin desarrollo por Laura Tinajero Márquez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
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